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Gestión Empresa

4 superpoderes que hallará en los escondrijos del cerebro y necesitará para ser un buen líder

Para dominar con absoluta maestría el arte del liderazgo es imprescindible el cerebro, y no tanto por los conocimientos que hay alojados en este órgano sino por la rutina de ejercicios que hay que inculcarle (para sacarle así el máximo partido).

Un cerebro bien alimentado, descansado y oxigenado es vital para la resiliencia mental y el óptimo rendimiento en los puestos de liderazgo, que tienen que lidiar habitualmente con elevadas dosis de estrés e incertidumbre.

De acuerdo con la neurociencia (cuya papel debería ser mucho más protagónico de lo que es en realidad en el mundo de los negocios), los líderes precisan ejercitar los 4 superpoderes cerebrales que disecciona a continuación Inc. para graduarse cum laude en materia de liderazgo:

1. Neuroplasticidad

Todo lo que experimentamos a lo largo de nuestra vida moldea y da forma a nuestro cerebro, que está así más proclive a determinados hábitos y comportamientos. ¿El problema? Que tales hábitos y comportamientos no son necesariamente óptimos.

Prestando atención y practicando de manera repetida nuevos y deseables comportamientos los líderes pueden ayudar a su propio cerebro (a los recursos químicos, hormonales y físicos que hay allí alojados) a hallar nuevos senderos de pensamiento.

Con la neuroplasticidad a su vera (que puede alentarse con el aprendizaje de nuevos idiomas, por ejemplo), el cerebro se hace más flexible, aprende a regular más eficazmente las emociones del individuo, resuelve problemas y piensa de forma más creativa.

2. Agilidad cerebral

Para ser ágiles los líderes deben pensar ágilmente. La agilidad cerebral es la habilidad de cambiar (sin fricciones de por medio) a nuevas formas de pensamiento: del pensamiento lógico al intuitivo y del intuitivo al creativo.

Esta habilidad es de suma importancia para los líderes, puesto que les ayuda a contemplar los problemas que tienen sobre la mesa desde diferentes ángulos a fin de dar con la mejor solución.

3. Mentalidad de crecimiento

Las personas dueñas de mentalidades fijas tienen el convencimiento de que rasgos como la inteligencia y el talento son dones con los que se nace o no se nace. En cambio quienes son propietarios de mentalidades de crecimiento creen que la inteligencia y el talento pueden desarrollarse a base trabajo duro.

En el liderazgo la mentalidad fija suele convertirse en sinónimo de estancamiento, mientras que la mentalidad de crecimiento es amiga íntima de la innovación y el progreso.

4. Simplicidad

El mundo hiperactivo en el que vivimos somete a demandas imposibles de satisfacer a nuestros limitados cerebros. Y la toma de decisiones, tan decisiva para los líderes, es la gran damnificada.

Para combatir la complejidad que los líderes tienen enredada en torno al pescuezo es preciso enarbolar la bandera de la simplicidad y practicar el “mindfulness” para aplacar el estrés y procurar oxígeno a la función ejecutiva del cerebro.

Antes de dar el gran paso de tomar una decisión difícil, es recomendable que los líderes entrenen hincando el diente a decisiones libres de complejidad y de naturaleza no necesariamente crítica.

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