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Gestión Comercial

Cómo crear una marca de culto (con legiones de enfervorecidos fans) en 5 pasos

¿Por qué empresas como Apple, Nike, Starbucks o Harley Davidson tienen la vitola de ser marcas de culto? Básicamente porque son mucho más que los productos que ponen en manos de sus eternamente entusiasmados clientes.

Quienes se precian de amar una marca de culto (sobre todas las cosas) la contemplan desde una suerte de pedestal, sienten que la marca de marras forma parte de sus vidas y que no pueden vivir sin ellas (por más que lo intenten).

Alcanzar el estatus de marca de culto es la cúspide más prominente a la que puede llegar a una marca. Y aunque ese estatus está reservado sólo para unas pocas privilegiadas, las marcas pueden intentar hincarle el diente siguiendo (sin prisa pero sin pausa) los pasos que disecciona a continuación Iconic Fox:

1. Todo empieza con un propósito

El propósito es el aspecto más humano del que puede llegar a estar pertrechada una marca. Y va más allá de lo que ésta hace para poner el acento en por qué lo hace.

La lealtad del consumidor a la marca y el propósito que anida en las entrañas de las empresas están fuertemente interconectados. Cuando la marca tiene un propósito muy claro y ese propósito resuena con los valores del cliente, éste tiende a jurarle fidelidad (eterna si hace falta).

El propósito no basta, eso sí, por sí solo y hay que comunicarlo adecuadamente a través del “storytelling”. Para que ese propósito cale hondo en la audiencia debe ser narrado de tal forma que el cliente sienta también que forma parte de la historia (convenientemente sazonada con emociones).

2. Las promesas están para cumplirlas

Mientras el propósito es la última razón por la que una marca existe, la promesa que aquello que une, cual pegamento, a empresas y clientes.

Si el consumidor decide jurar lealtad a una marca, es porque confía en ella y si confía en ella es porque ésta se atiene a la promesa dada.

La confianza (emanada del cumplimiento de una promesa) es la piedra angular de las relaciones entre marcas y clientes. De hecho, sin confianza no hay relación posible. Y la única manera de ganar y mantener la confianza del cliente es cumplir adecuadamente (y sin excepción) las promesas hechas en su momento.

3. Todo gira en torno al cliente

Una marca no puede serlo todo para todo el mundo. Las marcas que se esfuerzan en complacer a todo el mundo al final terminan no complaciendo a nadie. La razón por la que algunas compañías logran convertirse en marcas de culto es porque apelan a un tipo específico de persona con necesidades y problemas específicos.

Cuanto más sabe una marca sobre su target, en mejores condiciones está de cumplir su promesa.

La marcas de culto conocen tan bien a sus clientes que todo lo que hacen va dirigido a los más microscópicos detalles que construyen pieza a pieza el puzle de su propia persona. Y tienen permanentemente la mirada puesta en sus clientes porque saben que es en ellos donde palpita desbocado el corazón de su propósito como marcas.

4. Hay que poner el acento en las fortalezas

Poniendo el foco en aquello que hacen bien las marcas pueden continuar desarrollando sus servicios y sus procesos y, por ende, incrementando también el valor que ponen en manos de su target.

Cuando más se concentran en sus propias fortalezas, más pueden las marcas pulir las soluciones revestidas de valor que hacen llegar al cliente.

Que una marca sea buena en algo no quiere decir que no pueda ampliar su abanico de fortalezas, pero debe tener siempre muy claro cuál es su principal punto fuerte y dar fuelle a éste de manera constante (sin asestarle puñaladas traperas por la espalda).

5. La consistencia es clave

La consistencia en aquello que las marcas hacen se traduce en estabilidad y la estabilidad engendra a su vez confianza.

Las marcas que se toman la molestia de vivir por y para su propósito, de cumplir sus promesas, de no apartar los ojos de su target y de explotar sus fortalezas son percibidas como consistentes por sus clientes, que les juran mucho más que fidelidad y se convierten en último término en prescriptores.

Quienes se metamorfosean en seguidores de una marca de culto terminan enfundándose el traje de evangelizadores y como tales se encargan de diseminar la fe que profesan en quienes están a su alrededor (tanto en el universo offline como online).

Vía: Marketing Directo

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