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Gestión Empresa

La metamorfosis del liderazgo empresarial

Somos protagonistas de un momento de cambio, actores de una transformación constante que es ya una normalidad y no una espontaneidad. No es alarmante que el miedo y la incertidumbre dominen las decisiones, sobre todo ante la falta de evidencias nítidas de qué ocurrirá mañana. Sin embargo, la metamorfosis del liderazgo empresarial es, precisamente, el acto rutinario de diseñar el futuro que se nos viene a través de una visión y una implementación estratégica que permita alinear a las personas en torno a un objetivo compartido. Para ello, que duda cabe que la comunicación es cada vez más una necesidad, multidireccional sí, pero entendida desde la transparencia y sin olvidar que detectar las tendencias supone el reajuste no sólo de la forma de pensar sino también de actuar. La revolución digital, además, no deja de exigir prácticas basadas en la relación y en la atención, y refuerza más si cabe el paradigma que tienen muchas empresas e instituciones de huir, cuanto antes, del área de confort en la que han estado acomodadas durante años, e incluso décadas, si quieren estar a la vanguardia.

Es evidente que el ayer no sirve más allá de ser una agradable o incómoda experiencia, tampoco justifica la idea de quedarse quietos y esperar. Básicamente, porque las modificaciones en el entorno se suceden velozmente, también los desafíos y las problemáticas, y actúan como una especie de torbellino que lastra, por un lado, y que debilita, por otro, a quienes argumentan que el pensamiento tradicional aún sirve para auparse o mantenerse en los puestos de cabeza. Pero para pasar a la primera línea, no sólo es importante querer, sino estar preparados para dejar la retaguardia empezando por ver las cosas de un modo distinto, hacerlas bien y comunicarlo. Y esto es elemental en la metamorfosis del liderazgo empresarial porque las acciones, las palabras y los pensamientos de las organizaciones son examinados diariamente de manera exhaustiva, y porque saber liderar es entender y tener en cuenta todas las implicaciones que conllevan la toma de decisiones. Y como no, sin pasar por alto la pertinencia del diálogo y de la participación. Hoy, en plena efervescencia y vorágine de nuevas realidades, las empresas y las instituciones requieren de líderes que involucren, que inspiren, que sean capaces de movilizar. Y es que en estos tiempos de competencia desbordada, ya no basta con ser cabezas visibles desde la autoridad, sino que es necesaria la proximidad, el activismo, que no sólo sepan interiorizar la era digital sino que también lleven a la práctica la aplicación de los recursos que surgen en torno a ella.

Por ello, la metamorfosis del liderazgo empresarial exige aunar esfuerzos para conseguir resultados de manera ágil, flexible, disciplinada, resolutiva y creativa, puesto que no es únicamente saber qué objetivos se quieren lograr, sino también detectar y recorrer el camino más adecuado para alcanzarlos. En ese trayecto, en el que los diferentes actores han ganado peso y tienen más protagonismo que antes, los líderes se encontrarán con el desánimo, con la negativa, con el conflicto, con un contexto complejo. Las empresas y las instituciones han perdido el control y las relaciones humanas deben ser cuidadas al detalle ya que son el motor para conseguir el crecimiento del modelo de negocio, la austeridad en el cumplimiento de la cultura corporativa y el equilibrio entre lo que se dice y lo que se hace. Nadie duda que todavía hoy las organizaciones están inmersas en un proceso de regeneración, que el reto sigue siendo gestionar la inmediatez, y que tal reconversión lleva implícito tener que asumir que el liderazgo en el siglo XXI supone romper con la visión conservadora y decantarse por una mucho más disruptiva.

Vía: El Mundo del Dircom

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