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Gestión Empresa

Los cuatro tipos de líderes que modelan el futuro

El educador y diseñador de ordenadores Alan Kay dijo una vez: “La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo”. Pero, ¿qué hace falta para inventar el futuro en un mundo tan turbulento e incierto? ¿Cómo aprovechan su historia las organizaciones exitosas, incluso mientras crean un nuevo punto de vista sobre lo que vendrá a continuación? ¿De qué manera se mantienen las marcas establecidas fieles a su promesa original a la vez queganan peso frente a nuevos clientes con diferentes valores y preferencias? ¿Cómo pueden los ejecutivos consumados estar seguros de que todo lo que saben, la sabiduría y la experiencia obtenidas con años de esfuerzo, no está limitando lo que son capaces de imaginar?

Estas son las preguntas que separan a las organizaciones y líderes cuyos mejores años están por venir de aquellos que se quedarán atrapados en el pasado. En las investigaciones sobre mis libros y mis contribuciones a HBR, me he esforzado por prestar atención especialmente a los líderes que parecen entusiasmados con estas preguntas en lugar de quedarse paralizados por ellas. Al reflexionar sobre esos líderes, sobre los hábitos mentales que los impulsan, me he dado cuenta de que la mayoría se pueden clasificar en una de cuatro categorías:

El fanático del aprendizaje

Una de las grandes satisfacciones de ser un líder es que se puede llegar a ser un maestro, y compartir la sabiduría adquirida a lo largo de una carrera con compañeros más jóvenes y ávidos de consejos probados. Pero cuando se trata de inventar el futuro, los líderes más efectivos son los estudiantes más insaciables. Los líderes creativos siempre se preguntan: “¿Estoy aprendiendo tan rápido como cambia el mundo?”

El CEO de WD-40, Garry Ridge, puede que sea el ejecutivo más obsesionado con el aprendizaje que conozco. Ha desatado grandes innovaciones y ha liderado un crecimiento sin precedentes. ¿El secreto del éxito de WD-40? La dedicación de Ridge a la construcción de una organización de “maníacos del aprendizaje”, entusiasmados con la idea de involucrarse con nuevas tecnologías y modelos de negocios. Ridge empoderó a un grupo de ejecutivos e ingenieros, llamado Team Tomorrow (equipo mañana), para impulsar el aprendizaje en toda la empresa. Su pregunta favorita para sus compañeros, una prueba de su celo por aprender, es: “¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?” Los líderes que son aptos para el futuro están decididos a seguir aprendiendo a la misma velocidad a la que cambia el mundo.

El innovador personal

Cuanto más tiempo se haya trabajado en una industria, cuanto más éxito haya tenido, más difícil puede resultar ver nuevos patrones y posibilidades, nuevos caminos hacia lo próximo. Con demasiada frecuencia, los altos líderes permiten que lo que saben limite lo que son capaces de imaginar. Ese es un gran problema: uno no puede inventar el futuro si se aferra a ideas desactualizadas, aunque hayan funcionado en el pasado.

Rosanne Haggerty, una de las grandes activistas sociales de Estados Unidos, ha tenido un gran impacto en la lucha contra la falta de viviendas. Pero su logro más grande (y el más revolucionario), la Campaña 100.000 Hogares, le exigió desafiar todo lo que sabía sobre su causa. La activista recuerda: “Concluí, para mi horror, que habíamos desarrollado una forma de atacar el problema intrínsecamente limitada. Tuvimos que hacer saltar todo por los aires”. Ese acto de reinvención personal fue brutalmente difícil, y absolutamente necesario. Haggerty advierte: “Demasiado a menudo, el orgullo de tu idea más reciente se convierte en una barrera para ver tu próxima idea“. Los líderes más aptos para el futuro entienden cuándo es el momento de innovarse a sí mismos.

El optimista resuelto

El liderazgo es emocional e intelectual. La forma en que nos presentamos, la actitud y las ideas que generamos, establecen el tono sobre lo que se requiere para hacer cambios profundos en tiempos turbulentos. El legendario estudioso de la vida en la empresa John Gardner defiende que los grandes líderes emanan un “optimismo resuelto”. Al futuro, dice, “no le dan forma personas que realmente no creen en el futuro. Es creado por personas muy motivadas, por entusiastas, por hombres y mujeres que quieren algo mucho o creen mucho”.

Vernon Hill, un empresario cuya joven compañía, Metro Bank, está remodelando el futuro de los servicios financieros en Reino Unido, emana un espíritu de energía y confianza contagioso. Cierto es que su modelo comercial de alto contacto está reinventando un campo conocido por su pésimo servicio. Pero es la mentalidad que personifica lo que define al banco de rápido crecimiento. El joven afirma: “Si no mantenemos una sensación de energía, perjudicamos el mensaje”. Por eso la empresa busca líderes con “entusiasmo”, a los cuales les inspira la misión del banco. No podrá inventar un futuro próspero para su empresa a menos que le entusiasme lo que le deparará el futuro.

El experimentador entusiasta

Hay un sucio secreto sobre el futuro que muchos de nosotros no queremos afrontar: incluso los avances más emocionantes se construyen sobre una base de proyectos que se quedaron cortos, productos que decepcionaron e iniciativas que fracasaron. Es por eso que los líderes más aptos para el futuro apoyan muchas ideas, siendo plenamente conscientes de que la mayoría de ellos no cumplirán con lo planeado, para descubrir unas pocas que ofrecerán más de lo que nadie imaginara.

¿Hay algún ejecutivo que represente mejor el espíritu de experimentación que Jeff Bezos? El CEO de Amazon es la persona más rica del mundo gracias a su disposición a apoyar ideas que no funcionan. En una ocasión dijo: “Si vas a hacer apuestas audaces, van a ser experimentos. Y si son experimentos, no se sabe de antemano si van a funcionar”. Los líderes que son aptos para el futuro entienden que no hay éxito sin contratiempos, no hay avances sin reveses.

Por supuesto, como todos los marcos, esto es una simplificación. Y muchos de nosotros no corresponderíamos una única categoría. Pero para la mayoría de nosotros, adoptar más plenamente cualquiera de estos rasgos ayudaría con el arduo trabajo de un gran cambio. No hay garantías de que una actitud particular le vaya a ayudar a inventar un futuro más próspero para su organización o para usted mismo. Pero si cada uno de nosotros puede descubrir cuál de estos hábitos mentales se adapta mejor a lo que somos, podemos hacernos más aptos para el futuro.

En cualquier campo, los líderes que impulsan sus organizaciones hacia adelante son los que pueden reimaginar lo que siempre han hecho, actualizar y reinterpretar los productos y servicios que ofrecen y dar rienda suelta a experimentos audaces sobre lo que viene después. ¿Es usted ese tipo de líder?

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