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Gestión Empresa

Si tu misión es dirigir un equipo, controla ese carácter fuerte

Lo primero que responde una persona con mal genio si alguien le reprende por su comportamiento es: “yo soy así, qué le vamos a hacer” y si esa respuesta va de la mano de alguien con poder, debemos echarnos a temblar.

A todos nos gusta ser respetados y no hay nada más loable que respetar a un jefe, no temer su arranques de ira por cualquier mínimo error que se cometa. Así es imposible que un equipo de trabajo funcione. No es fácil pero quizás ha llegado la hora de modificar tu carácter por el bien de todos, pero quizás más por ti.

Detrás de ese mal carácter no puede haber un buen líder
Detrás del mal genio dicen que se esconden personas que tratan de protegerse o de llamar la atención. Son personas que no están conformes con lo que esperaban en sus vidas, y es precisamente esa decepción lo que se traduce en enojo, negatividad y mal humor.

Si te reconoces en esta descripción, debes saber que por muy mal que te sienten ciertos comportamientos o cuestiones laborales, las subidas de tono, la rabia y la irritabiidad alteran el ambiente y provocan tristeza y ansiedad en los demás.

¿En esas circunstancias tan desagradables puede o debe rendir un equipo?

El primer paso debería ser bajar las armas. Los beneficios son muchos. Para empezar, quien expone sus visiones con serenidad cuentan con una mayor aprobación por parte de los demás y se les tiene, en más alta estima y consideración.

Mostrar nuestras opiniones sin alterarnos nos hace ganar poder de influencia y respeto.

¿Por qué reaccionas con ira en el trabajo, ante cualquier imprevisto?
¿Reaccionas así por culpa del estrés?, ¿bajo la influencia de alguien?, ¿o te irritas frente a todo el mundo, además del ámbito laboral? Poder contestar a estas preguntas te ayudará a saber en qué situaciones tendrás que estar más alerta.

Aferrarse a la rabia es como agarrar un carbón ardiendo con intención de tirarlo a alguien; al final eres tú quien te quemas. Buda.

Es imposible que ese trabajador haga siempre todo mal. ¿Siempre? Es mucho tiempo. Y tampoco es nada justo que vuelques en él tus arranques de rabia o mal humor echando la culpa a los demás.

¿No será mejor preguntarte por qué estás enfadado, rabioso o agotado? Aceptar que no todo depende de ti es un gran paso y saber que la interpretación que haces de lo que sucede y la respuesta que das depende de ti al cien por cien, también.

Bajar el listón de la exigencia será bueno para el equipo
A veces, a las personas con ‘mal carácter’ todo les parece poco. Aunque no lo parezca, el mal humor implica estar en resistencia, en lucha con uno mismo. Para ver la vida desde un enfoque más amable, pero sobre todo, para que tus empleados no salgan corriendo, baja el nivel de exigencias.

Ser capaz de reconocer las señales que te envía el cuerpo antes de que se produzca ese estallido será muy positivo. Evitar el conflicto y ser capaz de decir: “No he tenido un buen día, mejor lo hablamos mañana, prefiero no seguir hablando”, es un gran paso.

Quien lidera un equipo también se equivoca, acéptalo
Intentar leer la mente de los demás para anticiparte a sus respuestas de forma reactiva no es propio de un buen jefe. Espera a que te den su versión y escucha. La empatía, ponerse en el lugar del otro, mejora las relaciones laborales, entre otros motivos, porque sitúa a los interlocutores en un plano de igual a igual.

No está en tu mano cambiar todo eso que te irrita, desquicia o te pone de mal humor. Sólo puedes cambiarte a ti para evitar que te afecte y altere tu serenidad y la de tu equipo, que al fin y al cabo no son responsables de tu mal genio. Esperan un líder no alguien a quien temer.

Un artículo escrito por Joana Sanchez

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