3 descabellados mitos sobre la creatividad que caen por su propio peso

Cuando la creatividad asoma a los labios de la gente, suele hacerlo con miedo, como si esta cualidad estuviera a medio camino entre la mística y la magia y fuera, por ende, un don al alcance de solo unos pocos privilegiados.

Lejos de los muchos creen, la creatividad no se limita al alumbramiento (como si no hubiera mañana) de infinitas ideas de nueva hornada y está en realidad íntimamente relacionada con la manera en que la gente se aproxima a los problemas y a las soluciones (y cómo combina ideas ya preexistentes de diferentes maneras).



En torno la creatividad revoletea un copioso enjambre de mitos, aunque son estos que disecciona a continuación Fast Company probablemente los más persistentes:

1. La creatividad es genética

Aquellos que deciden no desenvolverse profesionalmente en el universo de las artes asumen a menudo de manera errónea que nos son creativos y creen que la creatividad es un don del que solo son portadores unos pocos.

Muchos creen que la creatividad forma parte del mapa genético de unos cuantos, que es una suerte de gen con el que se nace o no se nace.

Embebidos de la creencia de que la creatividad está inevitablemente a merced de los genes, muchos utilizan esta creencia como una excusa (conveniente racionalizada) para pensar que no son tan inventivos e innovadores como aquellos que sí están ungidos con el don de la creatividad.

2. Las ideas creativas tienen que ser originales

En el mundo de los negocios la originalidad por sí sola no basta. Para ser verdaderamente creativa una idea debe mejorar un producto o poner sobre la mesa una nueva manera de aproximarse a un proceso.

Rara vez una invención es 100% original. Puede que Guttenberg inventara la imprenta, pero lo que no todos saben es que la tecnología de la que se sirvió el alemán para dar forma a su invento existía ya en forma de prensa de uvas.

Las creaciones de nueva hornada resultan normalmente de la combinación de ideas ya existentes de maneras novedosas.

3. La creatividad es una suerte de relámpago

La idea de que la creatividad es una suerte de epifanía que ilumina con su luz absolutamente cegadora a aquel que la ha pergeñado es ciertamente romántica, pero no por ello es más cierta (más bien, todo lo contrario).

Es fácil imaginar que las ideas geniales de otras personas son resultado de la inspiración divina, pero lo cierto es que el denominado «momento eureka» pone en nuestras manos una fenomenal y conveniente excusa para procrastinar sine die a la espera de ser agasajados con un fogonazo de creatividad.

No lo parece (porque no lo queremos creer), pero la creatividad implica semanas (e incluso meses) de incubación.

Vía: Marketing Directo

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