3 mitos (falsos a más no poder) que las agencias cargan en su mochila

Las agencias y las anunciantes son partners de manera impepinable y como tales su relación debería estar cimentada en la confianza mutua. Sin embargo, a la hora de aproximarse a las agencias, las marcas lo hacen lastradas por no pocos mitos que enturbian su percepción de las que deberían ser sus socias.

En un artículo para MarketingDive Bruno Gralpois disecciona 4 mitos sobre las agencias que urge erradicar cuanto antes:

1. Las agencias son caras

Muchos anunciantes se lamentan de que las agencias son excesivamente caras, pero lo cierto es que tan amargo lamento está lejos de ser corroborado por los datos contantes y sonantes.

De hecho, los márgenes de beneficios de holdings publicitarios como WPP, Omnicom o Interpublic han emprendido la cuesta hacia abajo en los últimos años (deslizándose incluso en los números rojos como consecuencia de la pandemia).

Los márgenes de las agencias son en realidad bastante bajos comparados con los márgenes de beneficios de sus clientes y rara vez van más allá del 10% (al menos en el transcurso de los últimos cinco años).

Cuando las marcas deciden contratar los servicios de una determinada agencia, deben dejar aparcadas sus idean preconcebidas e inevitablemente subjetivas y valorar de la manera más objetiva posible los honorarios de su partner (solicitándole documentación si hace falta).

Conviene comparar asimismo los honorarios de unas y otras agencias y pedir explicaciones a la agencia en cuestión si en sus tarifas se observa una importante brecha con respecto a la competencia. Se trata de dialogar con las agencias, no de asumir ideas huérfanas a menudo de todo fundamento.



2. Las agencias son meras proveedoras de servicios

Las agencias son parte de la cadena de suministro de los anunciantes. Sin embargo, la naturaleza de su trabajo les otorga un estatus único dentro de las organizaciones.

Los lazos que unen a agencias y anunciantes van mucho más allá de un intercambio de valor puro y duro y transciende la frontera de las consideraciones comerciales y financieras.

Al fin y al cabo, las agencias rara vez se avienen a trabajar con una marca que no les inspire suficiente pasión.

Las agencias no son simples proveedoras de servicios. La relación de naturaleza íntima que forjan las agencias con las marcas debe ser necesariamente única para encaramarse a la cima el éxito.

Y el impacto que tiene su trabajo en las estrategias de ventas y de marketing de los anunciantes es también absolutamente colosal, razón de más para no tratar a las agencias como meras proveedoras de servicios.

3. Las agencias son huérfanas de estructura y rigor

La creatividad es la particular materia prima de las agencias y quienes se mueven como pez en el agua en el océano de la creatividad tienden a huir de las estructuras excesivamente rígidas. A ello se une que las agencias «indies», cada vez más en boga, hacen gala de elevadas dosis de agilidad y flexibilidad en sus métodos de trabajo (ajenos en buena medida a las estructuras en su vertiente más clásica).

Sin embargo, no por ello se puede acusar a las agencias de estar reñidas con la estructura y el rigor. Las agencias modernas son de carácter multidisciplinar y son fuertemente deudoras de la tecnología. Y la complejidad de sus operaciones es en buena medida deudora de la precisión en los procesos (necesariamente diseñados al milímetro).

No demos confundir la agilidad y la adaptabilidad de las agencias con confusión y desorganización. Puede que las estructuras de las agencias sean (a la fuerza) más flexibles que las de sus clientes, pero eso no las convierte en menos confiables.

Vía: Marketing Directo

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