De trabajar en la centralita de El Corte Inglés a crear una de sus principales marcas de ropa

Corrían los últimos días de mayo de 2018 cuando el tablero político estaba a punto de cambiar para siempre: Mariano Rajoy se enfrentaba en el Congreso de los Diputados a la primera sesión de la moción de censura, que acabaría con el fin de su Gobierno. 

En uno de los días más complicados de su carrera política, Rajoy eligió una corbata verde con un estampado de espinas de pescado. El complemento había sido regalado por el presidente de Murcia, Fernando López Miras, y por lo icónico del momento, la prenda se agotó en menos de 48 horas. 

Detrás de este revuelo se encontraba la firma Pequeña Moma. Su fundadora, Paloma Jáudenes, cuenta el hecho como algo puramente anecdótico. Y lo hace así porque la empresa cartagenera se ha ganado a pulso no quedarse en el simple chascarrillo. 

La fundadora, en cuestión, trabajaba en la centralita de El Corte Inglés. «Yo era la que avisaba cuando un niño se perdía», cuenta entre risas. Pero muchas cosas han cambiado en estos últimos 15 años. Ahora la empresa es unos de los corner del gigante de la distribución y para la próxima campaña de otoño/invierno integrará sus prendas también en la web del grupo. 

«Yo cogía el teléfono aquí y ahora mi marca comparte espacio con firmas como Purifación García», cuenta la empresaria aún con cierto escepticismo. Tanto es así que cuando le preguntan que cuál es su sueño, no sabe qué contestar. Y no lo sabe porque nunca hubiera imaginado lo lejos que ha llegado la empresa, pese a que el camino no ha estado exento de vicisitudes.



Hacer del fracaso una reinvención empresarial

Tras su paso por los grandes almacenes, la CEO pasó, primero, por ser dependienta de la franquicia de ropa infantil Nek&Nek y, posteriormente, por hacerse ella misma cargo de la tienda. «Cogí las riendas y me salió mal», relata con total serenidad. Sin embargo, este fracaso empresarial, le conduciría al proyecto acertado.

«En 2013 ideé una tienda de calzado y complementos infantiles. Luego fui evolucionando: las que iban a comprar eran las madres, así que si ponía cosas para ellas, picaban. Y fuimos metiendo más productos», dice la fundadora sobre su proceso de «reinvención».

Ahora Pequeña Moma aspira a ser una marca de relevancia en España, pero no a cualquier precio: «Me da rabia la dependencia que tenemos con el mercado asiático», cuenta la fundadora. Actualmente, el 60% de sus productos se fabrican en España y su misión es que llegue al 80% para este año. 

«En España hay materia prima y mi compromiso pasa por buscarla e integrarla», manifiesta la empresaria. La firma, que trabaja con unos 30 proveedores, de los que 15 son españoles, tilda esta relación comercial como una gran cadena de valor en la que unas empresas familiares ayudan a otras. 

«No me siento un número con ellas. He trabajado con grandes compañías y me quedo con la confianza que ahora tengo». Y para muestra un botón: la ya icónica corbata de Mariano Rajoy fue elaborada por una empresa familiar de Valdepeñas, en Ciudad Real. 

No obstante, la CEO no pierde de vista su responsabilidad: «Tenemos que ser las empresas las que generemos valor y expliquemos a un cliente el por qué es más caro comprar unas esparteñas hechas mano que a máquina». Bajo esta premisa, la compañía ha logrado facturar 2 millones de euros en 2020, gracias, en parte, a sus 15 puntos de venta, 7 de ellos son establecimientos de El Corte Inglés ubicados en A Coruña, Valencia, Córdoba y, por supuesto, su región: Murcia. 

«Necesito 3 semanas y al equipo encargado del canal online»

«Cuando la pandemia estalló tuve que tomarme una tila y reflexionar», reconoce la empresaria. Antes de la crisis sanitaria, creyó que lo tenía todo atado: sus tiendas físicas vendían y tenían presencia online. Pero el COVID-19 llegó y rompió con todo lo establecido. La compañía tuvo que hacer un ERTE para su plantilla. 

La situación requería de una nueva hoja de ruta. Fue entonces cuando la fundadora explicó a su socio y encargado de personal que necesitaba al equipo encargado del canal online durante 3 semanas. Tardaría 4, pero revertió la situación. 

La empresa, además de crear una web completamente nueva, a nivel logístico cambió todo su almacén e instaló un ERP, un software de gestión de procesos empresariales. Los resultados no tardaron en llegar: a partir de abril los pedidos online se dispararon, alcanzando crecimientos de hasta un 600%, con respecto a antes de la pandemia. 

Ahora, las ventas online suponen el 15% de su facturación. Un año antes, solo implicaban el 5%. «Nuestro objetivo pasa por hacer del canal digital nuestra tienda más importante», explica la fundadora, y se lo están tomando en serio.

Apuntalar un canal online que no renuncie a la autenticidad 

En esta empresa murciana las clientas son Vicenta, María o Lucía, no un número de pedido. Ante este desafío que pasa por digitalizar todo el proceso de compra, Pequeña Moma lo acepta como una metamorfosis necesaria, pero no como una imposición que le haga perder un ápice de su esencia. 

En el almacén donde antes había cajas, ahora hay un estudio de fotografía, pero no modelos profesionales. «Probamos con una modelo estupenda, pero nos dimos cuenta de que no calaba. Las clientas nos decían que no era una mujer real y que no se sentían identificadas a la hora de comprar», cuenta la fundadora. 

Ante esta nueva coyuntura, la CEO no titubeó y encontró en su equipo de 40 personas –compuesto en un 90% por mujeres y con una edad media de 43 años– el mejor caballo de batalla. «Nos gusta sentirnos cerca de las clientas, por eso pensamos que lo mejor era mostrar nuestras prendas en mujeres reales, y nada mejor que hacerlo en nosotras mismas», cuenta.

«Ahora, las usuarias no piden una M, sino que explican que tienen la misma talla que la jefa de administración», cuenta la artífice con un punto cómico —y, verdaderamente, lo tiene—. Lo que, sin embargo, no deja de ser un fiel reflejo de la constante reinvención de la empresa, y en especial de Paloma Jáudenes, que se ha hecho así misma tantas veces que no descarta, en absoluto, hacerlo una vez más, si eso le lleva dónde quiere estar. 

 Marta Godoy

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