¿Eres consciente de lo que aportas?

A menudo escuchamos alumnos que nos dicen: “Gano demasiado poco, deberían pagarme más”. A lo que preguntamos: “¿Eres consciente de lo que verdaderamente aportas?”

Cuando la persona es consciente del valor que aporta y considera que no se corresponde con el dinero que percibe, lo tenemos claro: es hora de abandonar tu trabajo. Si alguien tiene mucho que aportar, parece lógico pensar que antes o después encontrará un sitio donde le reconozcan ese valor.

Lo más probable es que, si has pasado por la facultad, te dijeran que en el futuro no nos pagarían ni un euro más de lo que cada uno se mereciera porque la empresa lo perdería; tampoco un euro menos porque nos marcharíamos a otro sitio. La fe ciega en eso que llaman “el Mercado” nos parece digna de estudio, pero, ¿se cumple en la actualidad?

La realidad es mucho más compleja que quedarse o marcharse por un euro arriba o abajo, pero una excelente pregunta que se formulan pocas personas que trabajan por cuenta ajena, y que podrían hacerse igualmente los que trabajan por cuenta propia o los que están buscando empleo, sería: ¿Cuánto valor aporto, o podría aportar, a mi organización o a esa en la que quiero trabajar?

En la actualidad, si hay algo que tenemos claro es que el paradigma laboral ha cambiado respecto a aquella en la que se criaron nuestros profesores. El trabajo para toda la vida y el sueldo vitalicio son cosas del pasado. No importa el esfuerzo y las horas que dediques a trabajar, lo importante es el valor que eres capaz de aportar.

Una sociedad que lo monetiza todo necesariamente tiene que desperdiciar talentos y aportaciones que sencillamente no entran dentro de la lógica de la economía de mercado. Por otro lado, medirlo todo en términos estrictamente económicos está generando abundantes problemas sociales; es un desatino pensar que un país o una empresa crecen sólo porque su economía ha aumentado… ¿Y el bienestar de las personas?, ¿Y cómo se ha distribuido esa renta?, ¿Se ha dañado al medioambiente en la creación de esa riqueza económica?, etc…

Y, sin embargo, no es menos cierto que un buen ejercicio para cualquiera que se lamente de lo escaso de su salario, de la ausencia del mismo o de la escasez por la que atraviesa su vida, sería preguntarse qué valor aporta a su organización o a otras personas.

Hazte útil. Propón proyectos o ideas concretas a tus jefes o a las empresas o personas con las que deseas emprender un proyecto. Por cierto, jamás te sientes en una mesa sin haber diseñado de antemano qué van a ganar las dos partes. Visualiza de antemano cómo ganarán todas las partes implicadas con lo que propones y no pares hasta conseguirlo. Sólo después es el momento de sentarse a negociar o a proponer.

Si trabajas por cuenta ajena, hazle al jefe una propuesta de desarrollo cerrada: cómo se puede hacer y que vais tú y la empresa. En la cima hace mucho frío, en el poder es fácil sentirse solo; los jefes no reciben tantas propuestas ni disponen de tantas personas que quieran que la empresa salga adelante. Así que, si haces esto, estás dejando claro cuál es el valor que aportas o podrías aportar.

Y en general, cuesta más trabajo desprenderse de alguien útil que de alguien que no lo es…

Por cierto, si ofrece propuestas o ideas varias veces y no le escuchan o no les dan cabida, es momento de desempolvar los prismáticos para buscar destinos más estimulantes. No le convienen esos compañeros de viaje. Si en el interior de una empresa no están receptivos a propuestas nuevas significa que están en el paradigma antiguo; significa que no han comprendido nada sobre el cambio tan radical que estamos viviendo.

En el libro Nunca coma solo”Ferrazi menciona lo que llama “la pregunta del aeropuerto”. Dice que los consultores cuando tienen que elegir a una persona entre un grupo de candidatos se preguntan a si mismos: Si me quedara atrapado en un aeropuerto durante varias horas, ¿me gustaría estar con esa persona?

En otras palabras: ¿Eres una persona que aporta algo a los demás y con la que todo el mundo está deseando pasar un rato? La propuesta está clara: si quieres que cuenten contigo, tienes que hacerte merecedor de aquello que quieres recibir.

¿Te mereces lo que deseas? Tienes que prepararte para que cuando aparezca lo que esperas, seas capaz de reconocerlo y aprovecharlo. En lo profesional o en lo personal, no hay más truco que trabajarse a uno mismo y lo que puedes ofrecer a los demás para que sea inevitable que reciba aquello que tanto desea.

Si no ofrece algo diferente al resto de personas, antes o después le irá mal, muy mal.

Pero lo más importante de todo esto es que cada persona es única y diferente a todas las demás. Cada persona disfruta de unos talentos, habilidades, destrezas y capacidades que la hacen diferente de cualquier otra persona. Tú también. Si no la estás poniendo en juego probablemente sea porque te dé miedo de brillar con su luz propia.

Sólo eso: tú mismo.

¿Todavía no sabes cuál es tu verdadera pasión?

Si esta entrada te ha resultado interesante, a continuación compartimos contigo una conferencia en la que Sergio Fernández comparte algunas claves para conocernos a nosotros mismos, descubrir nuestro propósito y vivir de tú pasión.

¡Disfruta de la conferencia!

¡Gracias por leer el post y compartirlo!

El Equipo de Instituto Pensamiento Positivo

LucusHost, el mejor hosting

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: