Experiencias transformadoras: 5 razones por las que debes vivirlas

Hay experiencias que te transforman. No de las que nos dejan bonitos recuerdos, algunos buenos amigos o relaciones laborales o de negocios que llegan a ser productivas. No de las que se registran en fotografías que guardamos en la memoria del celular y difícilmente volvemos a ver. No de las que se cumplen estrictamente porque hay un compromiso establecido, inaplazable.

Las experiencias que te transforman son las que te hacen mejor en cualquiera de las facetas de la vida. Principalmente, en la laboral y en la personal. Mejor, todavía, si es en las dos de manera simultánea. Esas experiencias te transforman porque cambian tu forma de ver la vida, porque marcan un antes y un después, porque significan un nuevo comienzo, quizás, un despertar.

Durante muchos años, al comienzo de mi trayectoria como emprendedor, las circunstancias me obligaron a estar oculto, tras bambalinas. Estaba todo el tiempo en mi casa, frente al computador, trabajando en la tarea de hacer crecer mi negocio. Eran otras épocas, claro, en las que el mercado era reducido, en las que había pocos referentes, en las que no era fácil acceder a los recursos.

Era costoso, porque había que viajar (con todos los gasto que esto implica: traslado, hotel, comida, entrada al evento y algo más). Además, era un riesgo, un gran riesgo. ¿Por qué? Porque era poco o nada lo que se sabía de esos referentes, de los nuevos del mercado. Los grandes, los reconocidos, los establecidos, los que tenían mucho por mostrar y por ofrecer, estaban lejos del alcance.

Eran épocas, así mismo, en las que mi negocio apenas despegaba. Ya ganaba algún dinero, pero no ganaba para fiestas, como se dice popularmente. En aquel momento no lo sabía, pero mi vida, mi trayectoria como emprendedor, necesitaba un salto de calidad, entrar a una nueva dimensión. Lo hice, pero no de manera consciente, planificada, sino porque la vida me llevó por ese camino.

En alguna ocasión, vi el aviso de un evento, un gran evento de marketing, en el que se reunirían algunas de las leyendas vivientes del marketing de respuesta directa. Estar allí era como vivir un sueño. “Tengo que ir, ¡no me lo puedo perder!”, me decía una y otra vez. Junté monedas y me inscribí. Esa fue la primera experiencia transformadora de mi carrera, aunque solo lo supe después.

Al comienzo, como cualquier novato, me dejé obnubilar por los detalles obvios: el lujo del megahotel cinco estrellas, el auditorio repleto (más de 2.000 asistentes), el desfile de personas de aquí para allá, la interminable barra del bufé, las interminables jornadas que se extendían en la noche a escenarios sociales, en fin. Supe, en carne propia, qué era eso de tocar el cielo con las manos.

Te mentiría si te digo que esa experiencia me transformóPuedo decir que me encantó, que me atrapó, que me sorprendió. La transformación, sin embargo, vino después. Y no fue un solo evento, sino la sumatoria de varios de ellos. Poco a poco, me di cuenta de que ya no era el mismo, de que veía la vida y mi trabajo de una forma distinta, de que mi mente se había abierto.

Con el tiempo, y en virtud de los excelentes resultados que obtuve, del notorio avance de mi carrera como emprendedor, la idea de organizar eventos se convirtió en una obsesión. Nunca imaginé lo difícil que era organizar uno, pues desconocía la cantidad de detalles que un participante común y corriente no ve, lo complicada que es la logística detrás de escena.

En especial, cuando tu intención es que sea un evento de calidad. Un escenario adecuado, la tecnología de sonido y video necesaria para que cada minuto sea una experiencia inolvidable, los souvenirs, las atenciones (refrigerio, salón VIP, comedor), las garantías para los speakers, en fin. Es como armar un complejo y gran rompecabezas, conjuntar mil y un factores ajenos a tu control.

Lo hice, sin embargo, lo hice. Organicé mi primer evento, presencial, hace más de 10 años. Quedé tan cansado, mental y físicamente, que juré no volver a hacerlo. Sin embargo, pudo más la pasión, pudo más el propósito de ayudar a otros a vivir experiencias transformadoras como las que yo había vivido, pudo más el deseo de brindar a otros las oportunidades que a mí se me negaron.

He perdido la cuenta de cuántos eventos organicé, tanto presenciales como virtuales. Colombia, México, Estados Unidos, República Dominicana y España son algunos de los países en los que tuve el privilegio de ser anfitrión de miles de empresarios y emprendedores, de soñadores. Para algunos de ellos, acudir a esa cita fue una experiencia transformadora que cambió su vida.



Si has asistido a eventos de marketing, pero aún la vida no te dio la oportunidad de vivir una real experiencia transformadora, te comparto cinco razones por las cuales debes insistir:

1.- La calidad del conocimiento.
¿Sabes cuánto puede costar una hora de asesoría personalizada con un referente del mercado (no importa su especialidad)? Puedes comenzar por 300 dólares y subir el listón a 5.000. Que, te lo digo con conocimiento de causa, hay ocasiones en las que vale la pena pagarlos. En un evento, sin embargo, por 200 o 500 dólares puedes acceder no solo a un referente, sino a varios de ellos.

Algo que me encanta de la industria es que, en su gran mayoría, los invitados se preparan no solo para ser parte del evento o, también, para vender, sino que entienden su compromiso de aportar valor. Siempre digo que si después de un evento te llevas un solo consejo que te sirva, uno nada más que te ayude a llevar tu negocio al siguiente nivel, esa inversión y ese tiempo valieron la pena.

2.- El valor del networking.
He sido anfitrión de algunos eventos, y participante de otros, en los que hay personas que, en verdad, están de turismo. No asisten a las charlas, se dedican a repartir tarjetas para ofrecer sus servicios y dar a conocer sus negocios, y el resto del tiempo lo invierten en descansar y divertirse. Es respetable, por supuesto, pero a mi juicio es también un imperdonable desperdicio.

En estos eventos está la clase de personas que pueden ayudarte a ser mejor, a escalar tu negocio. Son casos de éxito que puedes modelar, personas que están en capacidad de tomarte de la mano y llevarte a donde quieres estar. Y, así mismo, hay otras personas que se encuentran en una etapa de aprendizaje similar a la tuya y que pueden convertirse en geniales compañeros de aventura.

3.- La visibilidad.
Que, por supuesto, va mucho más allá del conocido ver y dejarse verNo es llamar la atención para que todo el mundo sepa que estás ahí, sino de no pasar inadvertido, de no ser invisible para las personas correctas, para las adecuadas. ¿Cómo hacerlo? Tienes que saber quién va al evento, en especial, los expositores; conocer su trayectoria, sus logros, y saber cómo te pueden ayudar.

Aprovecha los espacios compartidos como el refrigerio, el almuerzo o, mejor aún, cualquier otra actividad grupal en la que puedas exhibir tu conocimiento, permitir que otros aprecien tu valor como persona y como experto en un tema específico. La visibilidad está estrechamente relacionada con el networking y los buenos resultados dependerán de la estrategia que realices.

4.- La revelación.
¿A qué me refiero? A veces, muchas veces (y puedo dar fe de ello, porque lo viví), no sabes cuánto vales, no sabes cuánto valor le puedes aportar al mercado, no sabes que estás en capacidad de ayudar a otros a transformar su vida. En mi caso, fue después de acudir a algunos eventos que me di cuenta de qué era en realidad lo que me apasionaba, y no era el dinero: servir a otros.

Fue toda una revelación, un fantástico descubrimiento. Porque pude unir mi trabajo como emprendedor, mi negocio, con mi pasión, con mi propósito de vida, con mis dones y talentos. Descubrí para qué servía tanto conocimiento que atesoraba, tantas experiencias que acumulaba y, en especial, el inmenso valor de los errores que cometí, de los fracasos que sufrí. Algo increíble.

5.- El camino.
Muchas personas llegan a un evento con la idea de establecer contactos y hacer relaciones que les permitan aumentar sus ventas. O, en su defecto, conocer a alguien que pueda ayudarlos a dar ese siempre difícil primer paso. Si eres inteligente, si eres hábil, si la estrategia que utilizas es la adecuada, conseguir estos objetivos no será difícil. Sin embargo, no puedes quedarte con eso.

Un evento que signifique una experiencia transformadora es tan solo un comienzo, un antes y un después. No puedes limitarte a lo que aprendas allí, a las personas que conoces allí. No debes creer que fue suficiente, que no necesitas nada más. Te confieso que nunca hubiera llegado a ser lo que soy, como persona y como emprendedor, de no ser un apasionado por los eventos.

Hay experiencias que te transforman. Muchas de las que viví, por fortuna, me ayudaron a ser una mejor persona, un mejor emprendedor. Lo más satisfactorio, lo más enriquecedor, sin embargo, es que como anfitrión he podido multiplicar este efecto transformador, he ayudado a otros a dar ese ansiado salto de calidad en su vida, en su negocio. Esa, créeme, es una experiencia transformadora.