Hablando con Julis: tú también puedes transformar vidas

Esta grave situación derivada de la epidemia por el COVID-19 nos ha cambiado la vida. No solo durante las semanas en las que la rutina habitual se trastornará y deberemos permanece recluidos en casa, sino a largo plazo. Ese es el impacto de las crisis y está en cada uno encontrar el valioso aprendizaje que se desprende de ella. Estas líneas son para compartirte algo muy poderoso.

Los emprendedores somos personas bendecidas, y muchos no lo saben y no pueden sacar provecho de ello. ¿Sabes por qué? Porque por voluntad propia, siguiendo nuestros instintos y guiados por la pasión, nos dedicamos a ayudar a otros a través del conocimiento, los guiamos para que transformen su vida y cumplan sus sueños. Y servir, amigo mío, es el mejor negocio del mundo.

Nada, absolutamente nada de lo que sabes, de lo que tienes, de lo que has aprendido, de lo que has vivido, tiene sentido si no lo pones al servicio de otros. Ese es el gran poder que poseemos los emprendedores: en nuestras manos está la oportunidad de transformar vidas, el privilegio de construir un mundo mejor. Para ti, para tu familia, para tu comunidad, para tu país.

Como cualquiera, necesito el dinero, mi negocio lo necesita, porque es imprescindible para vivir. Sin embargo, y aclarando que respeto todas las posiciones y los diferentes enfoques, no es mi objetivo, no es la razón por la que soy emprendedor. Mi propósito consiste en ayudar a otros, en ser un agente de transformación. Y, ojalá lo entiendas y aceptes el reto, tú también puedes serlo.

¿Cómo? Como lo hizo Daniela Galindo Bermúdez, una joven colombiana que es la presidenta de Hablando con Julis, una organización sin ánimo de lucro destinada a ayudar a personas que sufren diferentes tipos de discapacidad. La historia comenzó porque su hermana Juliana, al nacer el 26 de octubre de 1991, sufrió una hipoxia, déficit de oxígeno en el cerebro, y quedó con una discapacidad.

Fueron unos pocos segundos, pero suficientes para provocar que su desarrollo físico y mental fuera más lento de lo normal y que nunca pudiera aprender a hablar. “¿Se imaginan ustedes no poderse comunicar por toda la vida?”, pregunta Daniela. “Por muchos años, en mi familia vivimos esa frustración de no entender lo que Juliana nos quería decir, a pesar de sus esfuerzos”, agrega.

El primer impacto, cuando los médicos les informaron que durante el parto hubo complicaciones y la niña iba a quedar con algunas complicaciones (aún no determinadas), fue poco en comparación con lo que la familia de Daniela y Juliana enfrentó“Me comparaba todo el tiempo con mis amigos, que sí podía hablar con sus hermanos, y eso generó una situación muy adversa frente al tema”.

Eso, sin embargo, apenas era la punta del iceberg. Porque cuando los padres acudieron a los médicos para tratar de hallar un remedio, lo único que recibieron fue más rechazo y aterradoras sentencias“Es mejor que tengan otro hijo, porque esta no les sirve para nada”“su hija nunca va a aprender nada” o “su hija se va a morir antes de los 5 años” fueron algunas de las frases que escucharon.

Más allá de que no había ningún sustento científico en esas sentencias, lo que más les dolía era el poder negativo de esas palabras, su capacidad para destruir la ilusión de la familia. Era algo que se repetía una y otra vez, sin importar a qué medico recurrieran, de ahí que decidieron dejar de lado el concepto de los especialistas, no creer en sus opiniones y, más bien, creer en Juliana y apoyarla.



“Estábamos convencidos de que con una buena educación mi hermana podía progresar”, dice. Era ir contra la corriente, porque después de un diagnóstico como el que ellos escucharon lo usual es que los padres opten por no educar a ese hijo que, según los médicos, morirá antes de los 5 años. “Bien, la verdad es que hoy esa niña tiene 27 años, estudia, trabaja y es independiente”, asegura.

Sin embargo, la vida es sabia y, aunque muchas puertas estén cerradas, siempre te abre una. Y eso fue, precisamente, lo que le ocurrió a la familia Galindo. Una tarde cualquiera, en un restaurante cualquiera, se dieron a la tarea de lanzar ideas a ver cómo podían ayudar a Juliana. Por iniciativa de Mario, el papá, se dieron cuenta de que la salida era crear una solución tecnológica para ella.

En una servilleta, dibujó la pantalla de un dispositivo que contenía imágenes y palabras. Era el primer paso, uno que los llenó de alegría y de ilusión. El siguiente era desarrollar el software y eso le correspondió a Daniela, estudiante de Ingeniería de Sistemas y Computación en la Universidad de Los Andes, una de las más importantes de Colombia. A partir de ahí, cambió la vida de la familia.

El resultado de aquel experimento se llama Hablando con Julis, que no solo consiste en una solución tecnológica, sino especialmente en un modelo pedagógico apto para personas que sufren diferentes tipos de discapacidades o con condiciones varias como autismo, síndrome de Down o personas que hayan perdido alguna de sus facultades cognitivas por un accidente cardiovascular.

 “Este modelo, sencillo a simple vista, permite el ritmo de desarrollo de cualquier persona y respeta las edades, las condiciones y los gustos e intereses de cada uno”, afirma Daniela. Gracias a esta poderosa herramienta, hoy Juliana utiliza Whatsapp, Facebook y Skype o navega en Google y, lo más importante, “es una mujer trabajadora, una mujer exitosa e independiente, agrega feliz.

Este mundo necesita más médicos que no solamente muestran las limitaciones, que solo vean lo negativo, sino que también construyan un futuro para una familia. Necesita profesores, colegios y universidades que estén comprometidos con una educación inclusiva, para todos, que se salgan del molde de graduar promociones de 100 estudiantes y exploten las habilidades de cada uno”, dice.

 

Así mismo, Daniela considera que “se necesita una sociedad que deje de señalar tanto, de criticar tanto, de juzgar tanto, para que podamos construir entre todos, para que todos podamos ser parte de ella”. De hecho, Juliana fue víctima de discriminación en varios colegios, que la rechazaron porque “aquí no atendemos eso”, como si fuera una cosa, algo indeseable, no una persona.

Y sufrió dolorosos señalamientos en la calle por parte de desconocidos que hacían comentarios imprudentes y ofensivos: “ay, mire, ahí va una bobita”La verdad es que vivimos en una sociedad que no admite las diferencias, que rechaza a quien es distinto y que, lo peor, solo ve lo negativo de las personas y se olvida de lo positivo, de las cualidades, de los dones, de los talentos.

Fueron muchas las veces que escucharon “Juliana no va a poder”“Juliana no va a ser”“Juliana no…”“Cada vez que oía algo así, me decía ‘eso no es cierto’ y eso fue lo que me dio las fuerzas para buscar una solución definitiva”, relata Daniela. Se enfocó, entonces, en hallar la forma de potenciar las habilidades de Juliana, “de mostrarle al mundo que era capaz de hacer muchas cosas”.

Daniela identificó que la gran barrera de Juliana para alcanzar sus sueños era la comunicación. Esta capacidad es a base del desarrollo del ser humano y, por eso, era el problema que había que solucionar. “Si no nos comunicamos, no podemos aprender; si no nos comunicamos, no podemos estudiar; si no nos comunicamos, no podemos trabajar”, era el dilema al que se enfrentaban.

Una vez pudieron desarrollar la herramienta, ocurrió lo que los médicos llamarían “un milagro”Juliana empezó a hablar, empezó a leer, empezó a escribir. “A los dos días, llegó del colegio diciéndonos y escribiéndonos frases, oraciones, cuando nunca se le había enseñado a comunicarse de esa manera”, cuenta Daniela. Por supuesto, la vida de la familia cambió radicalmente y para bien.

Una felicidad muy grande que les hizo darse cuenta de que eran parte de los más de 300 millones de familias con un miembro que tiene dificultades de comunicación, de los cuales el 87 por ciento (261 millones) no consigue aprender a leer y escribir“Inventamos una solución que nos brindara un lenguaje universal, algo que le sirva a cualquier persona sin importar en qué país está”, afirma.

De manera increíble, Juliana se graduó del colegio sin saber leer y escribir, cargando con la frustración de no poder comunicarse con su familia, con el mundo. Hasta que Hablando con Julis derribó las barreras y le proporcionó las herramientas necesarias para vencer sus limitaciones y, en especial, la condena social. Y como ella, miles de personas también se beneficiaron.

Según Daniela, el problema surge porque “tenemos una discapacidad muy grande en la mente. Nuestra discapacidad es a veces tener ese ‘no’ en la cabeza: ‘no puedo’, ‘no soy capaz’, ‘es difícil’. Sí va a ser difícil, sí fue difícil, pero todo lo que nosotros realmente nos propongamos lo vamos a lograr. Nos lo propusimos y lo logramos”. Esfuerzo, dedicación, pasión y paciencia, la fórmula.

Con Hablando con Julis en sus manos, Juliana cambió su vida. Pudo socializar, pudo ir a un café y pedir ella misma lo que quería, pudo involucrarse en la sociedad“Ese proceso ha sido muy interesante: yo creo que el 99 por ciento de los casos que Juliana ha querido hablarle a alguien, la gente lo recibe muy bien”, dice Daniela. Un avance increíble para quien estaba desahuciada.

“Hoy, la discapacidad, tanto la física como la de nuestra mente, es superable. Tenemos tecnología, ayudas, un montón de herramientas y recursos que, si realmente queremos tomar un buen camino, lo vamos a lograr, asegura. Un beneficio que disfrutan personas con dificultades del habla, síndrome de Down, autismo, parálisis cerebral, sordera, déficit cognitivo, accidente o enfermedad cardiovascular, desde los 3 hasta los 85 años.

Hablando con Julis fue reconocida en 2015 como la ‘Innovación del Año’ por el prestigioso MIT (Massachusetts Institute of Technology) y ha recibido otros reconocimientos nacionales e internacionales. Eso, para Daniela, es lo menos importante, más allá de darle visibilidad. Lo que en realidad lamueve es haber derribado tabúes sociales y demostrado que siempre hay una solución.

Desde 2016, Juliana trabaja en Hablando con Julis, la empresa que creó Daniela, en la que se desempeña como auxiliar contable, además de dar conferencias con su hermana. “Tengo mi sueldo y me encanta todos los meses invitar a mi familia para compartir un helado o comprarme algo de vestir”, dice. Una increíble transformación que en algún momento parecía imposible.

Nada, absolutamente nada de lo que sabes, de lo que tienes, de lo que has aprendido, de lo que has vivido, tiene sentido si no lo pones al servicio de otros. Ese es el gran poder que poseemos los emprendedores: en nuestras manos está la oportunidad de transformar vidas, el privilegio de construir un mundo mejor. Esa es la poderosa lección de la historia de Daniela y Juliana Galindo.

Un artículo escrito por

LucusHost, el mejor hosting

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: