¡Hasta nunca éxito!: 3 estrategias para aprender a morder el polvo (sin ser un perdedor)

En los últimos tiempos hemos sido confrontados con múltiples y acuciantes problemas (la pandemia del coronavirus, la crisis climática o la creciente desigualdad social) que están socavando el bienestar de los seres humanos y desbaratando simultáneamente el mantra de que el éxito debe gobernarlo todo en nuestras vidas y también por supuesto en el mundo de los negocios.

El éxito parece haber quedado despojado de razón de ser en los tiempos turbulentos que corren. Y para enfrentarnos con éxito a nuestro propio porvenir debemos paradójicamente aprender a perder. Así lo cree al menos Tim Leberecht, CEO de House of Beautiful Business, que ha asegurado hoy en DMEXCO @home que podemos y debemos permitirnos el lujo de tolerar el fracaso porque éste no hace sin glorificar nuestra propia humanidad (y eso trae siempre cosas positivas bajo el brazo).

De acuerdo con Leberecht, el fracaso está abocado a convertirse en nuestro «modus operandi» en el futuro. Y debemos a aprender a metamorfosearnos en “losers” y estar orgullosos de ello.

En su ponencia Leberecht ha desgranado 3 estrategias para aprender a perder sin convertirnos necesariamente en «losers»:

1. Ingreso Mínimo Vital

El Ingreso Mínimo Vital significa que todo ciudadano, independientemente de su situación económica, recibe una cantidad mínima por parte del estado para poder subsistir.

A bote pronto, señala Leberecht, el Ingreso Mínimo Vital parece la coartada perfecta para los perdedores, que podrían zafarse así de la necesidad de trabajar para abrazar la holgazanería.

Sin embargo, no pocas investigaciones desmienten que la supuestas concomitancias entre el Ingreso Mínimo Vital y la indolencia, puesto que los seres humanos se sienten en realidad más inclinados a trabajar cuando sus necesidades más básicas están cubiertas. Y quienes son receptores del Ingreso Mínimo Vital demuestran tener también mayor confianza en su propio futuro y en su engranaje en la sociedad.

Hay quienes critican asimismo el Ingreso Mínimo Vital porque echa supuestamente por tierra la meritocracia y quienes no trabajan reciben idéntica cantidad que quienes sí lo hacen. Este argumento es, no obstante, fácil de rebatir porque el Ingreso Mínimo Vital no es en modo alguno incompatible con la recepción de otros ingresos.

El Ingreso Mínimo Vital no es tanto un instrumento de igualdad como de humanidad, puesto que desacopla nuestro valor social y nuestra autoestima de nuestro valor económico, subraya Leberecht.

En un mundo en el que reina la abundancia los seres humanos no deberían tener que trabajar para justificar su existencia. Con el Ingreso Mínimo Vital a nuestra vera podríamos continuar compitiendo, si bien no importaría tanto si ganamos o perdemos.

Y esto es una muy buena noticia para todos los perdedores porque el fracaso dejaría también de ser un tabú, dice Leberecht.



2. Melancolía

Perder nos hace humanos y nos hace arrojarnos también en los brazos de nuestra propia esencia como personas.

Cuando nos enfundamos el traje de «losers», nos sentimos de alguna manera payasos. Y la naturaleza de los payasos es profundamente melancólica.

La melancolía es, sin embargo, un suerte de alienígena en el universo de los negocios, donde la asertividad lleva siempre la batuta.

A los líderes y trabajadores melancólicos se les endilga la etiqueta de «losers» porque anhelan tiempos pretéritos irrecuperables y son conscientes de que las cosas son terriblemente fútiles y huérfanas de sentido.

Así y todo, la melancolía, que se ajusta como una guante a nuestro ánimo en los tiempos que corren, es también un sentimiento muy poderoso porque nos hace perder el control, asevera Leberecht. Y el peor enemigo de los negocios no es la incertidumbre sino el afán de control.

Solo cuando nos desembarazamos del control, logramos prender la chispa de la innovación y la creatividad. Mientras el cinismo es una fuerza absolutamente destructiva, la melancolía es una fuerza creativa. Y a diferencia del cinismo, la melancolía nos humaniza.

La melancolía va de la mano de la humildad y nos ayuda a levantar los cimientos de negocios hermosos. En este sentido, el mundo sería bastante mejor si las grandes empresas fueran lideradas por personas melancólicas.

3. Rituales

Los pequeños y aparentemente insignificantes rituales de nuestra vida cotidiana son los que en último término nos ayudan a lidiar con la pérdida.

De hecho, todo ritual una suerte de pasaje que nos indica que hemos dejado algo atrás para adentrarnos en otra cosa completamente nueva.

En calidad de estrategias para «losers», el Ingreso Mínimo Vital, la melancolía y los rituales comparten todos algo en común, según Leberecht: solo cuando somos humillados por la derrota, cuando perdemos el control, cuando nuestro corazón se resquebraja, cuando nos perdemos en los confines de nuestra alma, abrazamos la deliciosa locura de la grandeza de darlo todo.

Vía: Marketing Directo

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