Las empresas tendrán que recorrer el túnel más largo del mundo hasta llegar al verano

Muchos negocios y empresas están al límite de sus posibilidades. Con las vacunas ha empezado el principio de la solución, la luz al final del túnel como muchos expresan de forma coloquial. Pero lo cierto es que las empresas tendrán que recorrer el túnel más largo del mundo hasta llegar al verano. Y eso en el más optimista de los escenarios.

Los niveles de contagios después del aumento de la movilidad y reuniones sociales en Navidad va a ser elevado. La experiencia nos dice que no de baja de un día para otro, así que podemos dar por perdidos en muchos sectores los meses de enero y febrero. En algunos casos sin facturación, en otros con grandes pérdidas. Para muchos un problema con la campaña de rebajas donde tendrían que sacar el stock que tienen acumulado.

Otros están pensando en Semana Santa como inicio de la recuperación. Puede que en algún sector concreto sea una ayuda, pero será muy complicado que sea generalizado. Más todavía si tenemos en cuenta que hasta bien entrado el verano no se espera que la vacunación incluya al 70% de la población. Pero no nos engañemos, en un país que depende del turismo en gran medida, dependemos de cómo se comporten mercados emisores como Gran Bretaña o Alemania, fundamentalmente.



Y aquí las perspectivas no son precisamente buenas. Mientras en Gran Bretaña están empezando a estar desbordados a nivel sanitario y acelerando lo máximo posible la vacunación, en Alemania no están tan mal pero son mucho más restrictivos. ¿Qué supone esto de cara a Semana Santa? Pues básicamente que no contaremos con turistas extranjeros en nuestras calles.

A partir de aquí todos las actividades que dependen en mayor o menor medida de ellos tendrán que esperar al verano. Pero además contamos con el efecto de la falta de previsión. Mientras que en un año normal los touroperadores ya tendrían un nivel de reservas alta de cara al verano y hoteleros podrían hacer sus previsiones, este año todo se moverá con ofertas de última hora. Y esto significa por lo general menos margen de beneficio.

Por último, la falta de seguridad también viene por parte del Gobierno y los agentes sociales. Una vez asumido que esto no iba a ser un breve paréntesis en nuestra economía, se deberían haber puesto encima de la mesa las medidas necesarias para dar cobertura a empresas y autónomos. ERTES y ceses extraordinarios de actividad al menos hasta el verano ya deberían estar garantizados, si existen restricciones a la actividad debidas a la situación sanitaria.

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