Localismo: una tendencia marketera al alza y 5 palancas que la propulsan

«Be social, shop local». Cada vez más consumidores se rigen por esta máxima en los tiempos que corren. El consumo sostenible estaba ya en la cresta de la ola antes de que el coronavirus irrumpiera en nuestras vidas y la pandemia no ha hecho sino darle fuelle hasta el infinito y más allá.

A la hora de comprar el consumidor no solo clava la pupila en el mejor precio y en la mejor calidad de los productos que tiene a bien arrojar en el carrito de la compra sino también en su carácter local y en la cadena de suministro a él solapada (que debe ser preferentemente de naturaleza sostenible).

El localismo es una tendencia que ha llegado al marketing para quedarse (y echar en él raíces muy profundas) y sus principales palancas, aquellas que está coadyuvando a que despliegue las alas, son estas que disecciona Magnus Gebauer en un artículo para Horizont:

1. Sostenibilidad

La sostenibilidad impregna con cada vez mayor fuerza el ramo del retail. Desde el inicio de la crisis del coronavirus, ha aumentado ostensiblemente la demanda de frutas y verduras de origen local.

Además, en su irresistible pujanza la sostenibilidad ha encontrado una aliada perfecta en la digitalización, el particular refugio de un buen número de productos sostenibles y su punto de entrada para abrirse paso en el hogar del consumidor.

2. Solidaridad

Los pequeños negocios, probablemente los más fustigados por la crisis económica emanada del coronavirus, están siendo colmados con una auténtica ola de solidaridad, en particular en la redes sociales.

Instagram ha estrenado, de hecho, su propio «sticker» para dar fuelle a las tiendas locales, algunas de las cuales se están volcando también en las nuevas plataformas digitales para amplificar su alcance y llegar así a más consumidores.



3. Seguridad

Durante la crisis nacida del vientre del COVID-19 se instaló en buena parte de los consumidores un sentimiento de falta de seguridad, en particular en lo que a la cadena de suministro se refiere.

Y las grandes cadenas de alimentación lanzaron, de hecho, campañas con el foco puesto en la seguridad de su cadena de suministro. Ajenos a esa ausencia de seguridad fueron, en cambio, los pequeños negocios, cuyos productos (la carne y el pescado en particular) gozan de cada vez mayor predicamento entre los consumidores.

La seguridad y la confianza el consumidor la busca asimismo cada vez más en los barrios, donde las tiendas locales son un valor seguro a ojos de la clientela.

4. Patriotismo (en versión micro)

El neopatriotismo de naturaleza local está protagonizando un auténtico «boom». Y las regiones de procedencia de determinados productos ya no son meramente un reclamo turismo sino una suerte de marchamo de calidad (ese del que adolecen quizás los artículos fabricados al por mayor en las factorías de gigantescas multinacionales).

5. Crítica al sistema

De acelerador del localismo está ejerciendo asimismo la crítica (cada vez más acerada) al sistema global.

La crisis del coronavirus, que tan evidente hizo en sus inicios la fuerte dependencia de no pocos mercados de China para la provisión de mascarillas y medicamentos, ha restado prosélitos a la globalización, confrontada con voces cada vez más críticas.

Los consumidores, en particular los más jóvenes, están poniendo en tela de juicio la globalización (otrora aparentemente intocable) para abrazar el localismo, que es no solo un criterio a la hora de comprar sino también una actitud, una actitud que promete tener un impacto muy fuerte a largo plazo en las marcas (en particular en aquellas provenientes del ramo textil).

Vía: Marketing Directo

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