¿Por qué quieres ser emprendedor?

Cuando una persona me dice que quiere ser un emprendedor, por lo general la primera pregunta que le formulo es, ¿por qué? ¿Por qué quieres ser emprendedor? ¿Cuál es tu objetivo? La mayoría de las veces, la respuesta es “porque quiero tener una mejor vida, una buena vida”. Está bien, es algo que casi todos deseamos, pero surge un problema cuando hago la siguiente pregunta.

¿Sabes cuál es? Sí, la obvia: ¿qué es una buena vida, una mejor vida? La respuesta puede ser una evasiva (casi siempre lo es), algo difuso o confuso o, eventualmente, un largo silencio. Te confieso que la primera vez que me hicieron esta pregunta no supe qué responder. Es de esas situaciones en las que crees tener el control, pero cuando se presentan te toman por sorpresa, desprevenido.

El problema, porque siempre hay un problema, es que no existe una respuesta correcta o incorrecta. Es decir, nadie puede decirte con certeza qué es una buena vida o una mejor vida. Tu definición, que puede ser abiertamente contraria de la mía, es perfectamente válida y respetable, y viceversa. No hay verdades absolutas, porque una buena vida es una construcción propia.

Para algunas personas, una buena vida está representada por la seguridad económica, así como por poseer bienes materiales abundantes, viajar a placer y disfrutar cada momento al máximo. Para otras, en cambio, se trata de gozar de buena salud, de tener tranquilidad, de conseguir una estabilidad tanto en lo laboral como en lo sentimental, aunque eso signifique renunciar a algunos sueños.

Conozco a otras personas que están convencidas de que la suya es una buena vida porque tienen lo que llaman un buen trabajo (un cargo importante y bien remunerado) y una bonita familia (una pareja a la que aman y unos lindos hijos). También, porque gozan de reconocimiento social y, de alguna manera, son el modelo que otros quieren imitar. Ah, y disfrutan de una vida social activa.

Hay algunas más para las que la buena vida es gozar la vida. Asumir pocas responsabilidades y dedicarse a placeres como viajar, practicar deporte o ir de fiesta en fiesta con amigos. Ese, te lo confieso, fue un modelo que experimenté durante mi juventud, pero luego la vida me llevó por caminos que me hicieron sentar cabeza, modificar mis hábitos y adquirir responsabilidades.

Como ves, la variedad es amplia, y eso que me quedé corto porque hay mil y un modelos más. Lo mejor (¿o lo peor?) es que todos son válidos. De hecho, estoy convencido de que una buena vida es aquella que mezcla algo de todas las anteriores. ¿Cuánto de cada una? Eso depende de cada persona, pues no hay una fórmula ideal o perfecta. Recuerda: es una construcción propia.

En el caso de un emprendedor, el asunto se torna más complicado. ¿Por qué? Porque la vida de un emprendedor no encaja en el modelo tradicional o, dicho en otras palabras, es diferente a la que lleva la mayoría de las personas. Tan es así, que las primeras personas que te hacen resistencia, que no creen en ti, pertenecen a tu círculo más cercano, son tus propios familiares o amigos.



Además, está el tema de la soledad, que sigue siendo un Everest para muchas personas. Ese era un problema grave hace dos décadas, cuando yo me convertí en emprendedor, pero hoy ya no tiene justificación. De hecho, la nueva gran revolución de internet, como la definen algunos expertos, es la creación de comunidades. Y no es una tendencia, algo efímero, sino una realidad irrefutable.

Te comparto esta reflexión porque he conocido a muchos emprendedores que, a pesar de tener éxito económico, de ser muy reconocidos, de ser los líderes de su mercado, de contar con muchos seguidores, en algún momento se da cuenta de que no es lo que deseaban. Es decir, se dan cuenta de que no llevan una buena vida, de que esa que construyeron no es la vida que soñaron.

Te lo comparto, así mismo, porque es importante que tengas claro qué es para ti una buena vida, que la definas tan detalladamente como sea posible. ¿Por qué? Porque, si no lo haces, nunca vas a conseguir crearla y, por ende, cargarás con esa frustración. Que es como una piedra en el zapato, es decir, algo incómodo. Entonces, de nuevo va la pregunta: ¿qué es una buena vida para ti?

Acá te dejo algunas pautas que pueden ayudarte (a mí, por ejemplo, me sirvieron mucho):

1.- La clave es el autoconocimiento.
El punto de partida eres tú mismo, no puede ser de otra manera. Recuerda: es tu vida, así que tienes que vivirla bajo tus propios términos. Establece tus propias reglas y sigue el libreto que tú hayas definido, que en no significa renunciar a los principios y valores que, por ejemplo, te transmitieron tus padres. Son parte importante de tu esencia y no puedes menospreciarlos.

Necesitas conocer cuáles son tus fortalezas y debilidades, para potenciar unas y gestionar otras. Y también cuáles son tus pasiones, aquello que te hace feliz. Y también debes definir la otra cara de la moneda: lo que no te gusta, lo que no te hace feliz, lo que no quieres en tu vida. Ten en cuenta que nada es blanco o negro, pues la vida es multicolor y, además, nos ofreces miles de matices.

2.- Rodéate de personas mejores que tú.
Hay muchas personas que eligen rodearse de personas parecidas a ellas, que compartan sus aficiones y gustos, pero que no representen un riesgo, una competencia. Esa es una visión que respeto, aunque no la comparto. De hecho, estoy convencido de que no hay competencia, sino coopetencia, es decir, nos ayudamos unos a otros a ser mejores a través de la diferencia.

Sin embargo, por la enseñanza que me brindaron mis padres y el ejemplo de mis mentores, en mi vida quiero personas que me impulsen, que me halen, no las que representan un lastre. Las que me motivan, las que me exigen, las que me sacan de mi zona de confort y con las que puedo estar en modo construcción. Que significa mejoramiento, superación y aprendizaje continuo.

3.- Determina cuál es tu propósito.
Que no es un destino, sino el camino. El propósito es aquello que te sirve como motivación para comenzar cada día con alegría, con entusiasmo, con convicción, a pesar de las dificultades, de que hay días difíciles de sobrellevar. Es darle sentido a tu vida para no llenarte de pensamientos negativos cuando surgen los problemas, para no rendirte cuando la presión está al máximo.

El propósito debe estar conectado con tus principios y valores y en la práctica se manifiesta como aquello que te aporta emoción, que alimenta tu pasión. En mi caso, lo primero que me mueve es proporcionarles a mis hijas el bienestar que se merecen, que sean felices en la vida que elija. Y, por supuesto, seguir gozando del privilegio de impactar positivamente la vida de mis clientes.

4.- Acepta que es un proceso, no un estado.
Una buena vida no es un resultado, no es un lugar o una meta que puedas alcanzar o algo que poseas. De lo que se trata es de comprender que la vida tiene altas y bajas, buenas y malas. Que no son producto de un destino, de un libreto prestablecido, sino fruto de nuestras acciones y decisiones, de nuestros errores, que están determinados por nuestras creencias y miedos.

Siempre habrá dificultades, momentos de dolor y situaciones que nos resultará difícil entender y aceptar. Sin embargo, mientras hay un nuevo día habrá también una nueva oportunidad. Y depende de ti aprovecharla, aprender más, hacer lo que te gusta, en fin. Lo importante es entender que cada día es distinto y único y enfocarte en tener una buena vida en esas 24 horas.

Moraleja: aunque no hay reglas, ni verdades absolutas, creo que una buena vida es aquella en la que estás en armonía con lo que te rodea, con quienes te rodean, una en la que te sientes bien con lo que haces sea cual fuere la actividad a la que te dediques. Una buena vida es también un reto constante, un desafío y, sin duda, una maravillosa aventura que hay que disfrutar.