¿Que podemos aprender de las malas decisiones?

Qué más pues menchitos, ¿cómo los trata esta semana? ¿Mucho trabajo? ¿Mucho estudio? ¿Muchas reuniones por Zoom? Los invito a que se relajen un poco y me acompañen en este artículo tan valioso que les tengo preparado para hoy. Sé que todos hemos tomado malas decisiones en la vida y que muchas veces no sabemos cómo gestionar las consecuencias de esas malas decisiones. Justamente de esto les quiero hablar hoy parceros, de lo que podemos aprender cuando tomamos malas decisiones.

Que tire la primera piedra el que no la haya embarrado en esta vida muchachones. Creo que no existe ser humano en el mundo que no haya tomado una mala decisión alguna vez. Equivocarnos, evidentemente, hace parte de la experiencia de vivir. Sin embargo, no podemos ir por la vida equivocándonos siempre. Tenemos que aprender de los errores y tomar una actitud asertiva frente a ellos.

Por esa razón, preguntarnos qué podemos aprender de las malas decisiones es fundamental para no seguir repitiendo y repitiendo los mismos errores. Si ustedes se ponen a ver, muchas personas viven su vida repitiendo los mismos patrones de comportamiento, y preguntándose por qué siempre obtienen los mismos resultados. Es básico parceros, como dijo Albert Einstein: si queremos resultados diferentes no hagamos siempre lo mismo. Y esto no solo aplica para los negocios, sino también para nuestras actitudes, acciones, emociones y pensamientos.

Habiendo dicho esto, con este artículo quiero demostrarles que las malas decisiones nos pueden llevar a convertirnos en mejores personas; siempre y cuando sepamos cuáles son los aprendizajes tras de ellas. En consecuencia, para mí las malas decisiones son importantes en la medida en que nos permiten recapacitar y reflexionar sobre nuestros actos y son la oportunidad perfecta para aprender algo que necesitábamos aprender. ¿Se animan a seguir leyendo este artículo? Acompáñenme pues parceros.

Menchitos, hay que verle el lado positivo a las malas decisiones

-Danny, pero vos estás loco o qué ome. ¿Cómo así que verle el lado positivo a las malas decisiones? ¿Qué de positivo podría tener una mala decisión?

Parceros, así como lo leen. Como lo dije anteriormente, tomar malas decisiones puede ser una oportunidad para el crecimiento personal. Bien decían los taoístas que la vida es un equilibrio entre la luz y la sombra, y así mismo sucede con las malas decisiones y los errores: sin errores no habría puntos de referencia para saber qué nos hace bien y qué nos hace mal. Viviríamos en piloto automático y la vida se tornaría demasiado aburrida.

Imagínense una vida en la que todo fuera perfecto. No existiría ni el riesgo, ni la aventura, ni la posibilidad de luchar por algún sueño, pues todo ya estaría dado de forma perfecta. Precisamente el sentido de luchar por un sueño radica en la posibilidad de que podamos fracasar. En el margen de error que está implícito en toda decisión que tomemos. Si de antemano supiéramos que todo lo que soñamos se va a cumplir, los sueños perderían su razón de ser. Por ese motivo, tomar malas decisiones en la vida no puede entenderse siempre como un fracaso. Y esto último, justamente, es lo primero que debemos aprender de tomar malas decisiones: siempre existe la posibilidad de verlas como una oportunidad para cambiar un hábito, una forma de pensar y una forma de hacer las cosas. Dicho de otro modo, como advierte Carlos González en su blog Emagister:

¿Por qué estigmatizar y ocultar una realidad tan cotidiana como la equivocación? ¿Por qué no aprender a encajarla con naturalidad? Y lo que es más importante: ¿por qué no contemplarla como una oportunidad única de aprendizaje, de mejora y de éxito? Actitudes como el temor al fracaso, la inseguridad o el sentimiento de culpa frustran el inmenso potencial de crecimiento y desarrollo —tanto en el terreno empresarial como en el ámbito personal— que siempre va asociado a cualquier fallo. O lo que es lo mismo: el error positivo«.

Carlos González

De acuerdo con lo anterior, el error positivo consiste en tener la capacidad de entender que el fracaso coexiste con el éxito y que, en consecuencia, el que nunca se equivoca en la vida nunca conocerá las mieles del éxito. Menchitos, es que no hay una sola persona exitosa en el mundo que antes no haya pasado por un par de fracasos. Le sucedió a Henry Ford, Le sucedió a Steve Jobs y le sucedió a Elon Musk. La diferencia con estos personajes fue que no se dieron por vencidos, ¿y saben por qué? Porque pusieron en práctica el error positivo. Entendieron que el error era algo más habitual que el éxito y de acuerdo a ello tomaron conciencia de que para triunfar no debían dar el brazo a torcer ante el primer fracaso. No por nada el mantra de vida de Henry Ford era el siguiente:

«El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia».

Henry Ford

Nunca nos enseñaron a equivocarnos

Menchitos, a los seres humanos nunca nos enseñaron a fracasar. Desde la escuela nos inculcaron que los errores, las malas decisiones y las equivocaciones se traducían en malas calificaciones. Esta narrativa del éxito en vez de hacernos bien nos ha hecho mal y les voy a explicar por qué. En nuestro sistema de valores y creencias los errores son malos y los éxitos son buenos. En esa balanza del bien y del mal simplemente no hay cabida para los matices: todo tiende a ser negro o blanco. Sin embargo, la vida real no es así parceros. La vida real está llena de tonalidades, colores y grados entre el negro y el blanco. Así pues, como el error es sinónimo de fracaso está del lado malo de la balanza. Los seres humanos entendemos el error como algo excepcional en la vida cuando es todo lo contrario, vivimos equivocándonos.

En ese sentido, la educación, al menos en occidente, se ha basado en el ocultamiento del error. Tenemos un punto de vista negativo del mismo y cualquier cosa que tenga que ver con él sencillamente se anula. No nos damos la oportunidad de analizar nuestras equivocaciones, nuestras malas decisiones y fracasos. Queremos a toda costa olvidar aquello «malo» y dar paso a lo «bueno» sin tener en cuenta que la luz no existe sin la sombra y que después de las tormentas florecen los campos.

Esta poca capacidad de reflexión que tenemos ante el error nos ha usurpado la capacidad de desarrollar herramientas para sobrellevar el fracaso de manera más asertiva y provechosa. Viendo sus efectos positivos y las enseñanzas a mediano y corto plazo que podemos sacar de él. No obstante, si ante el mínimo error nos regañan en la escuela, si nos echan del trabajo por equivocarnos y si además de ello, la culpa por fallar nos atormenta, nunca podremos poner en práctica el error positivo. Cualquier fallo va a ser visto como el fin del mundo y la ansiedad generada por el exceso de culpa nos va a impedir levantarnos del suelo, sacudirnos el polvo y volver a empezar.

Hacks mentales que nos ayudarán a ver el lado positivo de las malas decisiones

Parceros, de acuerdo con un estudio realizado por la Universidad John Hopkins y publicado en la revista Science Expressentre más rápido tome malas decisiones el cerebro más rápido aprenderá un proceso. Según el estudio mencionado:

Se pidió a un grupo de voluntarios que hicieran diversas tareas moviendo un joystick. Mientras los científicos medían la respuesta del cerebro ante los errores y aciertos, se encontraron con una grata sorpresa. Se descubrió que tenemos dos circuitos cuando hacemos cosas nuevas: uno que incorpora las nuevas habilidades y otro que procesa las equivocaciones. Curiosamente, este último circuito, el de los errores, es el que nos permite aprender más rápido. Por eso, no es de extrañar que cuando comenzamos algo no se nos dé muy bien los primeros minutos. Según este descubrimiento, el circuito de las equivocaciones (o nuestro coach mental) necesita acumular fallos para comenzar a actuar. De lo contrario, el cerebro no tendrá bases para dilucidar si lo que se hace está bien o mal.

Science Express

Siguiendo el razonamiento de este estudio menchitos, una de las herramientas más prácticas que nos ayudará a ver el lado positivo de las malas decisiones es abrazar de entrada el error: saber que es muy probable que nos equivoquemos iniciando un proceso y que no por eso vamos a desistir de nuestros objetivos. Este ejercicio resulta muy práctico ya que nos brinda la capacidad de gestionar la ansiedad y las emociones negativas derivadas de las malas decisiones; viéndolas como parte constituyente del proceso y no como una consecuencia de nuestra falta de habilidad.

Adicionalmente, ser conscientes de que también podemos aprender de las malas decisiones y no solo de las buenas, nos va a permitir empezar a reconocer las propias equivocaciones. Como bien dice la coach Astrid Garbo: «construimos un mundo en donde tendemos a maximizar los errores de los demás y a minimizar los propios haciéndonos expertos fugitivos de la responsabilidad de nuestros actos». En ese sentido, reconocer que no estamos exentos de equivocarnos en la vida y que esos errores no nos van a definir como seres humanos nos dará la confianza para asumir las consecuencias de nuestras malas desiciones. Ocultar el error, evitarlo y negarlo, lo único que producirá es un estancamiento de nuestro proceso de aprendizaje.

¿Pero qué otra cosa podemos aprender de las malas decisiones parceros? Quizá el aprendizaje que voy a exponer a continuación sea el más importante de todos. O al menos desde mi experiencia, es el que más me ha ayudado a vivir en armonía conmigo mismo y con mi entorno. Decía el reconocido escritor David Fischman que «nos cuesta tanto aceptar nuestros errores porque nos han condicionado desde niños a recibir cariño solo por nuestros aciertos«. Y esto es tan real que duele menchitos.

No me gusta decirlo, pero somos una sociedad acostumbrada a acompañar en el triunfo y a abandonar en la derrota. Siempre procuramos montarnos en bus de la victoria porque el error y el fracaso siguen siendo un tabú para nosotros. Si como dice David Fischman, nos enseñaran desde niños a apoyar cuando las cosas no salen bien en vez de juzgar y criticar, nuestra relación con las malas decisiones sería mucho más positiva. Esto último, precisamente, pueda ser quizá lo más valioso que podamos aprender de las malas decisiones. Reconciliarnos con el error, no juzgar al que se equivoca tan fieramente y, por el contrario, tener empatía y cariño en los momentos difíciles de los demás.

Estoy seguro de que este simple acto de bondad, evitaría muchas frustraciones, angustias y suicidios en el mundo. Este planeta necesita más humanos compasivos y dispuestos a escuchar; tópico que también se desarrolla cuando nos reconciliamos con las equivocaciones. La capacidad de escuchar se deriva del aprender a no juzgar tan rápido, de ponerse en los zapatos del otro y de reconocer que los errores son parte esencial de la experiencia de vivir. Que así como hoy le pasó a nuestro prójimo, mañana nos puede pasar a nosotros, y que no queremos ser juzgados sin que antes escuchen nuestras explicaciones y puntos de vista.

Si nosotros supiéramos cuántos sueños salvaríamos con tan solo sentarnos a escuchar una hora a otra persona y darle nuestro apoyo, seguramente lo haríamos más a menudo. Sin embargo, en este mundo hiperconectado y convulso hasta nuestra capacidad de compasión, escucha y diálogo se ha ido perdiendo. Paradójicamente.

En última instancia, parceros, con este artículo, que más bien es una reflexión que desde hace tiempo tenía en el corazón, quiero que nos detengamos un poco a pensar y nos reconciliemos con todos nuestros errores. Que los veamos como parte esencial de lo que ahora somos y que los soltemos al universo con gratitud y amor. Porque sin ellos no seríamos las personas maravillosas que hoy somos. En consecuencia, lo más importante para aprender de las malas decisiones, de los errores y de los fracasos es que nos permiten seguir avanzando, con más sabiduría e inteligencia, por esta senda llamada vida. Tenemos que transformar los juicios por comprensión y la angustia por esperanza.

Así que muchachones, abracen sus malas decisiones, sus errores y fracasos y díganles a la cara lo mucho que les agradecen por haberlos convertido en una mejor versión de ustedes mismos. Como bien solía decir el gran Lawrence Peter «Sólo una cosa es más dolorosa que aprender de la experiencia y es no aprender de la experiencia». Todo en la vida son experiencias y las malas decisiones son una de ellas. Sin error no hay conocimiento, así como no hay luz sin sombra. La vida es un equilibrio y de la contradicción, como decía Hegel, nace el nuevo hombre. Esto es, justamente, todo lo que podemos aprender hoy de las malas decisiones. Se les quiere mucho parceros.

Un abrazo gigante.

Daniel Tirado 

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