Algo huele a chamusquina en el trabajo: 5 claves para lidiar con el «burnout»

La incertidumbre anidó con inusitada fuerza en nuestra alma en 2020 y ello se tradujo en un auténtico festival para el denominado síndrome de «burnout», que en los tiempos que corren se pasea a sus anchas en los entornos laborales. Y lo cierto es que el «burnout» es extraordinariamente doloroso para los trabajadores que tienen a bien padecerlo pero también para las empresas que tienen en nómina a empleados «quemados». Ni que decir tiene que, cuando un trabajador está bajo el yugo del síndrome de «burnout», están tan exhausto en el plano emocional, físico y mental que su rendimiento tiende a desmoronarse como una castillo de naipes.

En este sentido, el primer paso para sofocar las llamas emanadas del «burnout» es aprender a reconocer los síntomas que afloran en quienes son baqueteados por este síndrome.

El burnout en su vertiente pasiva

Los síntomas pasivos de naturaleza interna del «burnout» incluyen la fatiga, la tristeza y el sentimiento que corroe al trabajador de no ser adecuado para el puesto que desempeña.

En su vertiente meramente pasiva, el «burnout» erosiona la productividad al espolear hasta el infinito y más allá la desesperación y la ansiedad del empleado.

Quienes están acogotados por el «burnout» sienten que fracasan en todo aquello que emprenden y por eso a menudo terminan arrojando la toalla.

Las formas pasivas de carácter externo del síndrome de «burnout» son algo más fáciles de detectar y pasan por el deterioro de la calidad de las tareas acometidas por el trabajador, por la ausencia de esfuerzo en las labores asumidas, por la incapacidad de respetar «deadlines» y también por el cinismo. Todos estos síntomas son efectos secundarios de las apatía solapada al «burnout». Un empleado quemado se siente tan sobrepasado por la situación que no tiene ni ganas ni fuerzas para afrontar los problemas que salen a su paso.



Los indicadores activos del síndrome de «burnout»

Existen, por otra parte, indicadores activos de naturaleza interna del síndrome de «burnout». Los trabajadores «quemados» se zambullen a menudo en la comida basura, el alcohol y otros hábitos poco saludables y tales hábitos pueden acabar desembocando en último término en el absentismo laboral.

Las señales de alarma de naturaleza activa del «burnout» en su vertiente externa incluyen, por su parte, la facilidad de enojo por parte del trabajador, la impaciencia y el descontento. En algunos empleados tales comportamientos pueden ser estándar, pero deberían poner sobre aviso a las empresas cuando se advierten en personas habitualmente pacientes y diplomáticas.

Si no se detectan a tiempo estos síntomas, estos pueden derivar en conductas de naturaleza más insidiosa como el comportamiento incívico, las explosiones de ira y los llantos descontrolados. ¿Lo peor? Que este tipo de comportamientos merman también de manera inevitable la moral del resto de los empleados de la empresa.

Para lidiar con el «burnout» es vital que las empresas sepan detectar a tiempo sus síntomas y se involucren lo antes posible en procurar auxilio a quienes lo padecen. De lo contrario, el «burnout» podría extenderse como una plaga por toda la empresa.

En un artículo para Harvard Business Review Margaret M. Luciano y Joan F. Brett proponen una serie de claves para ayudar a las empresas a gestionar el síndrome de «burnout» de sus trabajadores:

1. Reconocer los síntomas

En su forma pasiva el «burnout» termina evolucionando tarde o temprano hacia formas más activas que se hacen más y exacerbadas con el tiempo.

El sentimiento de fracaso puede, por ejemplo, derivar en alcoholismo, el alcoholismo en fatiga, la fatiga en disputas con otros empleados y tales disputas en una cultura corporativa rebosante de toxicidad.

En este sentido, es crucial que las empresas estén atentas a los indicadores más sutiles y conozcan a sus empleados lo suficiente como para saber cuándo se están desviando de las normas.

Tomarse la molestia de preguntar a los empleados de manera periódica por su estado puede ayudarles a aliviar de alguna manera la presión que les acogota.

2. Reflexionar antes de actuar

Una vez la empresa ha detectado un caso de «burnout» en sus dominios, es el momento de pararse a reflexionar sobre las causas que podrían haber llevado al trabajador a «arder en llamas».

A veces el «burnout» es resultado de «deadlines» huérfanas completamente de realismo y en otras ocasiones éste echa raíces en la falta de paciencia del trabajador.

En todo caso hay que averiguar por qué ha ocurrido lo que ha ocurrido y brindar al empleado la ayuda que necesita para sortear los problemas con los que tiene que bregar en el trabajo.

3. Tomar perspectiva

Para que los empleados se sientan mejor los superiores a su cargo deben tomar perspectiva, dar una vuelta de tuerca a los problemas que tienen frente a así y determinar qué tareas son realmente perentorias y cuáles pueden esperar.

Facilitar este tipo de información al empleado (para qué pueda decidir libremente qué tareas acometer primero en función de su grado de urgencia) le da más control sobre las labores que tiene encomendadas y conviene recordar que la falta de control es a menudo una de las principales causas el «burnout».

4. Apoyar al empleado en su lucha

La mayor parte de las soluciones enfocadas al «burnout» no se adaptan lamentablemente por igual a trabajadores de toda clase y condición. Por eso conocer adecuadamente al empleado es condición sine qua non para brindarle ayuda verdaderamente valiosa.

En algunos casos es conveniente aliviar el estrés del empleado descargándole de trabajo, haciéndole sugerencias para lidiar con la presión o simplemente bromeando con él sobre situaciones que causan malestar casi a partes iguales al trabajador y a su directo superior.

También es aconsejable agasajar al empleado con soporte emocional en forma de empatía y escucha activa. En este caso la empatía debe desplegarse de manera genuina. Si tiene una pátina mínimamente farisea, no haría sino recrudecer el «burnout» del empleado.

5. Combatir la cultura de la inmediatez

Las empresas debe plantearse si en su afán por imprimir urgencia a todas las tareas que acometen no colocan presión a todas luces innecesaria sobre los hombros de sus empleados.

Quizás haya «deadlines» que puedan extenderse o proyectos que puedan aplazarse en el tiempo. También es posible adoptar por horarios más flexibles, apostar por la rotación de personal o simplemente mirar las cosas desde una perspectiva diferente para aliviar el estrés de la plantilla.

Vía: Marketing Directo

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