Desde hace unos años, tanto grandes compañías como las pymes españolas están conviviendo junto con la inteligencia artificial. Esto hace que la productividad esté cambiando y ya no se mida solo por horas de trabajo o número de empleados, sino por un nuevo paradigma que se centra en la eficiencia, la agilidad y la capacidad de decisión rápida y adaptación continua. Dentro de todo ese combo, la IA se ha convertido en un catalizador, ya que automatiza las tareas rutinarias y, al mismo tiempo, redefine la forma en la que los directivos están planificando, organizando, delegando, interpretando datos y guiando a los equipos. Pero, ¿cómo lo hacen?
La IA como compañera de trabajo de los directivos
No hay duda de que la inteligencia artificial está presente como una herramienta diaria en las oficinas, despachos y equipos directivos. Con ella se pueden automatizar tareas administrativas, gestionar el tiempo, filtrar información, analizar datos y, en general, liberar a las personas para realizar tareas que tengan un mayor valor.
Y en el caso de los directivos supone un cambio radical en su forma de trabajar. Para ellos, hay menos reuniones innecesarias y menos tiempo dedicado a compilar o procesar datos e informes. Ahora su tiempo se destina a ser más estrategas, líderes, con una cultura empresarial enfocada en la innovación.
De hecho, según un estudio de 2025, constata que los empleados que usan IA generativa a diario tienden a ser más productivos y mejor remunerados.
Productividad basada en datos y en decisiones más informadas
Una de las aportaciones más importantes que tiene la IA es la de poder procesar grandes volúmenes de información en fracciones de segundo. Eso permite, en el caso de los directivos, tomar decisiones fundamentadas de manera objetiva, no tanto basadas en intuiciones o en informes manuales, sino en datos reales que se procesan con una rapidez que, a nivel humano, no sería posible. Aunque es cierto que todavía la IA no es infalible, y puede tener errores, estos ahora mismo se pueden detectar y eso no ralentiza el proceso por parte de los directivos.
De esta manera, se convierte no solo en una herramienta operativa, sino que es un colíder intelectual que contribuye a que los directivos se centren en lo importante y dejen lo mecánico a los algoritmos de la IA.
¿Mayor productividad colectiva o un parche?
A pesar de que la inteligencia artificial tiene muchas ventajas y beneficios para los negocios, no hay que dejar de lado el hecho de que puede no ser buena al 100 %. En concreto, y según un artículo en Computing, la IA aumenta la productividad individual, pero podría no ser la mejor herramienta para el trabajo en equipo. Y es que hoy día, cuando un empleado necesita resolver un problema, prefiere consultar a la IA antes que a un compañero, lo que implica menos colaboración, comunicación directa o intercambio de ideas. Todo ello se traduce en que los equipos se desconectan más fácilmente y existen silos de información.
De hecho, es cierto que muchos se sienten más eficientes en su trabajo, pero esa eficiencia individual no se traduce en una productividad colectiva.
A pesar de todo esto, el utilizar la IA no siempre se traduce en resultados positivos. Concretamente, en España, todavía hay muchas pymes que están lejos de aprovechar el potencial de la IA, a veces por la falta de recursos, a veces por la falta de formación digital.
Además, el hecho de depender cada vez más de la IA hace que muchos decidan realizar despidos que hacen que las empresas se deshumanicen y, con ello, se cree otro tipo de cultura organizacional diferente, donde los propios trabajadores compiten con las «máquinas» y es el directivo el que tiene que estar en medio.
Así es el nuevo perfil directivo: un líder arquitecto híbrido
De todo lo anterior se concluye que los directivos han cambiado su perfil tradicional por uno más moderno donde se exigen varias competencias. Una de ellas es el conocimiento básico sobre cómo funciona la IA, cuáles son sus alcances, riesgos y limitaciones. Al mismo tiempo, se requieren habilidades de gestión del cambio, es decir, poder acompañar a los equipos para que adopten herramientas, para favorecer la formación o asegurar una transparencia.
En cuanto al uso de la inteligencia artificial, esta se usa para diseñar procesos eficientes, adaptar estructuras, anticipar cambios en el mercado y reconvertir funciones. Pero todo ello evitando que se fragmente la cultura corporativa, algo que está presente en las empresas y que se fomenta.
En definitiva, deben ser capaces de integrar tecnología, personas y propósito para mantenerse relevantes, sobre todo de cara a los próximos años.










