Bancos contra ‘fintechs’: por qué todo el dinero del mundo no es suficiente para que Wall Street aplaste a sus rivales digitales

Ser adquirido por un banco puede parecer un sueño para el fundador de una fintech. Pero para una startup de pagos digitales de la Costa Oeste de Estados Unidos, se convirtió rápidamente en una pesadilla.

Apenas se había completado el acuerdo cuando empezaron a surgir problemas culturales entre la dirección del banco y los ejecutivos de la startup, explica Robert Ruark, director de KPMG, una consultora que trabajó con el banco en la adquisición.

El equipo de la fintech se encontró con que las operaciones en el banco se desarrollaban a un ritmo penosamente lento y con una pesada carga regulatoria, explica Ruark. Incluso el calendario de reuniones (con un «tiempo desmesurado» dedicado a «presentaciones y cortesías», según Ruark) se convirtió en un punto de discordia, ya que los ejecutivos de la startup se quejaban de que no tenían tiempo para trabajar.

Las cosas alcanzaron su punto álgido después de que se rechazara el plan de expansión de pagos digitales del fundador de la fintech, el último de una serie de proyectos que habían sido uniformemente aplastados por el banco, según Ruark.

«De repente, aumentan las infraestructuras de riesgo y de tecnología informática», añade Ruark en relación con las trabas que las adquisiciones bancarias imponen a las fintech. «Y entonces se sienten insatisfechas y no quieren trabajar allí».

Este tipo de choque cultural es común, según un estudio de KPMG de marzo.

«Los bancos son mucho más grandes y están más consolidados, fuertemente regulados, son altamente burocráticos, tecnológicamente atrasados y se centran en los accionistas», señalaba el informe. «Por el contrario, las fintech son autónomas, ágiles, emprendedoras, poco reguladas y tecnológicamente avanzadas».

«Dadas estas marcadas diferencias, no es de extrañar que la cultura aparezca constantemente citada como una de las principales fuentes de fracaso de las combinaciones entre bancos y fintech«.

UBS es un reciente ejemplo de los problemas que pueden aquejar a estas uniones. El banco suizo acaparó los titulares con su proyecto de adquisición de la aplicación de inversión automatizada Wealthfront por 1.400 millones de dólares a principios de 2022. Pero la operación se canceló menos de ocho meses después, en un movimiento que reveló tensiones internas sobre el impulso del CEO para digitalizar una empresa de 160 años empapada de tradición.

Es la última prueba de que los bancos, a pesar de sus grandes bolsillos, están a punto de perder la batalla contra las fintech por el talento, la tecnología y, en última instancia, los clientes, a menos que se den cuenta de que están librando el combate equivocado. La batalla no es contra compañías prometedoras como Robinhood y Chime. Es contra ellas mismas y sus métodos rígidos y cerrados, que limitan la innovación y ahuyentan el talento tecnológico que tan desesperadamente quieren reclutar.

Business Insider ha hablado con más de una docena de antiguos y actuales expertos en tecnología bancaria, ejecutivos, consultores y otros profesionales del sector que han estudiado o han sido testigos de la batalla entre los bancos y las fintech. Todos coinciden en que los bancos siguen sin entenderlo después de tantos años invirtiendo dinero y recursos en intentar derrotar a sus enemigos de las fintech.

Los expertos apuntan a cuestiones culturales en los bancos —desde que no valoran lo suficiente a los técnicos de los departamentos internos hasta que son excesivamente burocráticos en sus procesos o carecen de flexibilidad laboral— como el núcleo del problema. El único factor en contra de los bancos que no está bajo su control, según los expertos, es la carga de la regulación gubernamental.

Si alguien tiene dudas de la desesperación de los bancos por vencer a las fintech, basta con mirar a Jamie Dimon, el máximo responsable de JPMorgan, el mayor banco de Estados Unidos, que ha prometido «gastar lo que tengamos que gastar» para ganar la guerra a las fintech y salir triunfante de la «durísima y brutal competencia».

No es sólo Dimon. Un análisis de las transcripciones de las conferencias de accionistas en la plataforma de investigación de inversiones Sentieo revela que, entre los seis principales bancos estadounidenses, el número de veces que los ejecutivos utilizaron las palabras «tecnología» y «digital» se disparó de solo 17 en 2011 a 81 en 2021.

Pero hablar como una empresa tecnológica y actuar como tal son dos cosas distintas. La verdadera transformación (como todos sabemos por la multimillonaria industria de la autoayuda) viene de dentro. Y los bancos están abocados a seguir gastando tiempo, dinero y esfuerzo en esta batalla perpetua hasta que abran los ojos a sus carencias internas y culturales.

«Si eres ingeniero y puedes elegir dónde quieres trabajar, prefieres hacerlo en un lugar donde lo que estás construyendo contribuya directamente a las pérdidas y ganancias o al alfa de esa empresa», afirma Neal Pawar, veterano de Wall Street y director de operaciones de Qontigo, una fintech de datos de inversión.

«En un banco o gestor de activos, la tecnología es un medio para un fin», explica Pawar, que anteriormente trabajó como ejecutivo de tecnología en Deutsche Bank, UBS, AQR y D.E. Shaw.

Durante los dos últimos siglos, los bancos han demostrado que no son fáciles de sustituir. Pero eso no ha impedido que los disruptores lo intenten.

Aunque los bancos siguen dominando en cuanto a depósitos y clientes, han luchado para mantenerse al día con los elegantes diseños y la facilidad de uso que han generalizado las fintech desde todos los ángulos: fintech de pagos como Block y PayPal, asesores digitales de patrimonio como Wealthfront y Betterment, bancos digitales como Chime y brokers online como Robinhood.

Para competir, los bancos han extendido cuantiosos cheques para adquirir fintechs: tecnología, talento y todo lo demás.

Es posible que los bancos experimenten un respiro con la actual recesión que está devastando a las startups tecnológicas, pero aún no se sabe si harán lo necesario para conservar el talento tecnológico cuando la economía se recupere y se abran oportunidades de empleo. Aunque los bancos tienen el dinero, la inteligencia y la fuerza de voluntad para vencer a las fintech, les falta un ingrediente clave: una cultura que permita prosperar a los techies.

En los bancos, los especialistas en tecnología no reciben el reconocimiento ni tienen el poder de decisión que cabría esperar de empresas cuyo futuro depende cada vez más del poder de su tecnología y de su capacidad para innovar. Los programadores que trabajan para grandes bancos dicen sentirse infravalorados en comparación con los banqueros de inversión, los traders y otros profesionales de la banca, según las personas entrevistadas para este artículo.

No se trata sólo de que se les trate como ciudadanos de segunda clase, sino también de que se les pague como tales. Los bancos han luchado históricamente para mantenerse al día con los sueldos inflados y los planes de acciones ofrecidos por las fintech y las grandes empresas tecnológicas, tal y como ya ha publicado Business Insider.

«En los bancos sigue existiendo la percepción de que la parte tecnológica es casi secundaria con respecto a la parte empresarial», afirma Falguni Desai, estratega de banca y mercados de capitales en Microsoft, que anteriormente fue estratega de renta variable y comercio electrónico en Credit Suisse.

Los directivos de los bancos han reconocido en cierta medida esta situación.

Goldman Sachs, por ejemplo, que ha tenido problemas para retener a los desarrolladores de su banca de consumo, Marcus, intenta ahora animar a los expertos en tecnología a que «sientan que están en primera línea del negocio», afirma Marco Argenti, CIO de Goldman Sachs.

«No quieren sentir que están en la trastienda», señaló Argenti en un foro organizado por The Wall Street Journal el año pasado, refiriéndose a los ingenieros de la banca.

Pero en Wall Street, los viejos hábitos son difíciles de erradicar, y Goldman ha tenido dificultades para que Marcus, una gran apuesta fintech, sea un éxito. A pesar de la creciente dependencia de Wall Street de la tecnología, ésta no es la estrella de su espectáculo, sino un actor secundario. Y los programadores estrella preferirían trabajar en un lugar donde sus esfuerzos reciban todo el tratamiento de los focos.

Los especialistas en tecnología también pueden sentirse asfixiados por la cultura de trabajo típica de los bancos. Las pesadas cargas normativas y los controles de riesgo suponen un retroceso frente al espíritu tecnológico definido por el lema de Mark Zuckerberg «muévete rápido y rompe cosas». Pero incluso cuando se trata de detalles menos controvertidos, como los horarios de trabajo flexibles, muchos bancos han demostrado su incapacidad para dejarse llevar e innovar.

Desde el comienzo de la pandemia, los líderes de Wall Street han estado al frente de una ofensiva para que sus empleados vuelvan a sus mesas. Los jóvenes banqueros y traders aprenden el oficio en gran medida trabajando estrechamente con profesionales más experimentados, afirman estos líderes. Pero el argumento del aprendizaje no se aplica exactamente a los trabajadores tecnológicos, cuyo trabajo requiere principalmente que estén en el ordenador escribiendo código.

Un empleado de la división de tecnología de JPMorgan en Londres explicó a Business Insider el año pasado, después de que el banco le llamara para que volviera a su mesa, que no entendía por qué se esperaba de él que estuviera sentado solo en la oficina mientras todos los demás miembros de su equipo estaban en otro continente. Le parecía inútil. (Una persona cercana al banco dijo que la situación de esta persona era una anomalía y que la mayoría de los técnicos de la empresa trabajaban en el mismo lugar que sus jefes).

Los datos indican que los programadores, en general, quieren tener la libertad de ser flexibles en cuanto a su lugar de trabajo. En una encuesta realizada en 2022 a ingenieros de software por Terminal, una empresa de talento en el campo de la ingeniería, cerca de tres cuartas partes de los encuestados afirmaron que «preferían teletrabajar la mayor parte del tiempo», y casi el 70% dijeron que eran más productivos cuando lo hacían.

La obligación de volver a la oficina no es el único problema.

La burocracia es otra fuente de frustración para los programadores que trabajan a gran velocidad, según el estudio de KPMG. Parte de ello se debe a la regulación, otra parte al tamaño. Además, la tecnología de las fintech suele ser mucho más reciente, por lo que es más fácil cambiarla, incorporar nuevos productos y trabajar en ella como desarrollador.

«Si comparamos un Bank of America o un JPMorgan Chase con una pequeña fintech, es evidente que habrá más burocracia, más papeleo, porque es varios cientos, si no miles, de veces más grande que esa fintech», afirma Michael Roberts, profesor de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania que imparte un curso sobre finanzas y ciencia de datos.

Sin duda, la adopción por Wall Street de la nube pública, que ofrece a los desarrolladores herramientas de software listas para usar y la automatización, está ayudando a los bancos a despojarse de la tecnología heredada.

Los responsables tecnológicos de Goldman Sachs y Capital One utilizan la nube para mejorar la experiencia general de los desarrolladores. En Wells Fargo, la nube permitió al banco lanzar una aplicación móvil en 10 meses, algo que antes habría llevado «varios años», según explica a Business Insider Ather Williams, vicepresidente ejecutivo senior del banco y responsable de estrategia, digital e innovación.

«La mayoría de los programadores sólo quieren escribir código: quieren programar, quieren resolver problemas, quieren un gestor de productos digitales que lance productos. Tradicionalmente, eso ha sido muy difícil en los bancos», afirma Williams, que fue contratado a finales de 2020 y lidera un equipo diseñado para tender un puente entre los equipos tecnológicos y empresariales del banco.

Pero los avances de la nube no pueden liberar por completo a los bancos de una tecnología de hace 30 años y unos procesos burocráticos arraigados. Un especialista tecnológico que trabaja en uno de los mayores bancos de Estados Unidos se queja a Business Insider de un proyecto que se puso en marcha el año pasado para sustituir un sistema de más de 30 años de antigüedad. El proyecto se prolongó durante más de dos años sin ningún final a la vista, explica esta persona.

«Hay gente a la que le parece bien ese ritmo, y hay otros que se involucran y, un par de meses después, están hartos», cuenta la persona, que habla bajo condición de anonimato para hablar con libertad, pero cuya identidad es conocida por Business Insider. «Y se van porque no pueden con toda la bazofia burocrática, y no pueden con el ritmo».

«Es un constante ir y venir entre tecnología y empresa porque una no entiende a la otra», explica esta persona. La comunicación entre los dos grupos es difícil, en detrimento de su trabajo. «Cada vez que quieres hacer un cambio en un sistema, tienes que contar con la aprobación de 19 personas diferentes», añade esta persona

¿En qué situación quedan entonces los bancos?

No se trata de decir que los jefes de Wall Street no sean muy listos -muchos de ellos lo son- o que los esfuerzos de los bancos por adoptar la tecnología hayan sido en vano. Es más bien que las mismas cosas que hacen que Wall Street sea, bueno, Wall Street, le impiden adoptar el espíritu de Silicon Valley.

Es probable que los bancos nunca sean los primeros en comercializar, por ejemplo, una nueva tecnología de mensajería que permita a los clientes comprar cosas y enviar dinero a amigos y familiares. Tendrán que ponerse al día, es poco probable que se hagan con los mejores talentos tecnológicos y sus esfuerzos por comprar o crear nuevas tecnologías a veces se toparán con problemas, como ocurrió en el caso de Finn, el banco digital de JPMorgan que cerró dos años después de su lanzamiento.

Pero quizá eso no sea malo.

Al fin y al cabo, una de las principales ventajas de los bancos es su capacidad de resistencia, especialmente en tiempos difíciles. Mientras que las grandes empresas tecnológicas han congelado las contrataciones y han anunciado despidos, y las fintech han visto caer en picado el precio de sus acciones y sus valoraciones, los bancos aguantan y, en algunos casos, siguen contratando a montones de especialistas en tecnología.

Porque seamos realistas: los jefes de los grandes bancos nunca han tenido que levantar la bandera blanca. Tienen el dinero, la inteligencia y la fuerza de voluntad para luchar infinitamente, incluso si todo lo que hacen es mantenerse a flote, siguiendo el ritmo de la competencia, en lugar de vencerla.

Mientras tanto, adaptar su cultura a las demandas de sus empleados tecnológicos puede resultar peligroso y costoso.

KPMG afirma en su informe al respecto: «A veces los acuerdos más inteligentes son los que no se hacen, sobre todo por cuestiones culturales». Y para los bancos que insistan en seguir adelante, que se preparen para gastar mucho para que funcione.

Por mucho que les gustaría ser los chicos guays del vecindario y ponerse las sudaderas con capucha y las zapatillas Converse de los tecnológicos, los banqueros se sienten más cómodos con traje, corbata y mocasines. Y quizá, para Wall Street, esa sea la moraleja de la historia.

Puede que simplemente haya llegado el momento de dejar de intentar ser algo que no son.

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