Cómo gestionar un mal jefe, según su comportamiento: los 3 tipos de gestión tóxica más comunes y lo que debes hacer en cada caso para que no te afecte

Es difícil saber qué hacer con un mal jefe en el trabajo. Recurrir a sus superiores puede tener consecuencias, y confrontarlo directamente tiende a ser incómodo.

Los malos jefes son más que una simple molestia; pueden tener efectos graves en la salud mental y física de un empleado.

Los directivos abusivos crean entornos de trabajo dañinos para sus trabajadores, lo que lleva a subculturas tóxicas más pequeñas dentro de una organización más grande, aseguró previamente Donald Sull, profesor titular del MIT.

Estos entornos de trabajo pueden provocar un aumento del estrés o la ansiedad y, en el extremo de todo ello, causar enfermedades graves. Según un estudio de 2015 sobre el estrés en el lugar de trabajo, aquellos que trabajaban para jefes tóxicos tenían entre un 35 % y un 55 % más de probabilidades de desarrollar una dolencia importante, como una enfermedad coronaria o diabetes.

De acuerdo con Tessa West, profesora de psicología en la Universidad de Nueva York y autora de Jerks at Work, una guía para lidiar con jefes y compañeros de trabajo que dejan mucho que desear, identificar qué clase de toxicidad es la que define a tu jefe puede ayudarte a lidiar con a esta figura.

«Comprender con qué tipo de comportamiento estás lidiando —y sus causas subyacentes— es el primer paso y el más crítico para manejar con los idiotas en el trabajo», afirma. «Una vez que conocemos las causas, podemos comenzar a elaborar soluciones».



1. Los micromanagers necesitan saber gestionarse a sí mismos

Los micromanagers son el tipo más común de mal jefe. Se caracterizan por ejercer un tipo de gestión excesivamente controladora sobre sus equipos. A menudo simplemente no están preparados para asumir funciones de gestión, señala West.

«Son realmente buenos en tu trabajo, porque ese es el trabajo que solían tener», indica la experta. «Entonces, para sentirse bien consigo mismos, lo único que van a hacer es supervisar tu trabajo con demasiado detalle«.

Añade que los micromanagers no son intencionalmente maliciosos y que sus rasgos «a menudo los lastiman tanto como a sus víctimas».

«Tienen muchas buenas características», considera West. «Pero probablemente tengan algún tipo de historial débil en lo que a capacitación gerencial se refiere».

De acuerdo a West estos directivos podrían necesitar una gestión más estricta.

«Establece metas semanales pequeñas, no grandes y elevadas. Los micromanagers se sienten abrumados al pensar en un panorama general de fracaso. Al mantenerlos en el nivel correcto, puedes administrar mejor su comportamiento».

Organizar reuniones cortas también puede ayudarlos a sentirse involucrados. «Estas reuniones cortas, organizadas para verificar esos pequeños objetivos, ayudarán a aliviar su ansiedad y te permitirá tenerle controlado«.

2. Un jefe negligente requiere que busques más feedback en otros compañeros

Los jefes negligentes son otro tipo de mal gerente involuntario.

«Son realmente engañosos porque son los menos ofensivos y no están tratando explícitamente de hacerte caer», subraya West. «Pero en realidad son uno de los tipos de personas más dañinos para los que podemos trabajar«.

«Lo que queremos en el trabajo es consistencia y retroalimentación». Según West, esta forma de dirigir causa una «gran incertidumbre» al no proporcionar ninguna de estas cosas, lo que puede generar estrés y ansiedad.

West sugiere que cuando se trata de un jefe negligente, un empleado debe buscar las opiniones de sus compañeros de trabajo.

«Aprende cómo complementar a tu jefe con otros expertos», considera. «La mayoría de los jefes, especialmente los jefes negligentes, están realmente agradecidos cuando la gente aprende a recurrir a otras personas».

3. Mantén registros de un jefe que comete abuso psicológico

A veces, los jefes son tóxicos a sabiendas. En los niveles más seniors existe una mayor probabilidad de que los empleados se topen con supervisores dañinos.

Sull señala que los lugares de trabajo a menudo recompensan el comportamiento narcisista (los narcisistas suelen tener confianza en sí mismos, son más extrovertidos y están más dispuestos a correr riesgos), lo que les permite ascender a posiciones de poder.

«La gente habla en términos relajados y cortésmente sobre estos atributos», comenta Sull. «Nunca dicen narcisista, pero enumeran atributos consistentes con un patrón de liderazgo narcisista«.

Pero este tipo de personas también son conocidas por tener grandes egos, una necesidad excesiva de atención, de admiración y falta de empatía, lo que significa que pueden estar entre los jefes más dañinos.

«El gaslighter es el jefe más aterrador», indica West. “Provocan más daño psicológico a sus víctimas”.

“Estos jefes necesitan aislarte y crear una realidad alternativa”, puntualiza. “A veces esa realidad es: ‘Eres tan incompetente que no trabajarías aquí si no fuera por mí’. La razón por la que dicen esto a la gente es para que puedan hacer que las personas hagan su trabajo sucio«.

West aconseja que si un empleado termina con un superior que sabe exactamente cómo perjudica su comportamiento, o incluso se deleita con esto, lo mejor es llevar un registro escrito de las reuniones e interacciones con él.

Beatrice Nolan

Deja una respuesta