¿Cómo mejorar la empleabilidad?

La empleabilidad es una palabra que utilizamos cada vez más y, sin embargo, en muchas ocasiones la dotamos de falta de significado o la utilizamos de manera errónea. Según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), la empleabilidad es «la aptitud de la persona para encontrar y conservar un trabajo, para progresar en él y saber adaptarse al cambio a lo largo de la vida profesional». Por tanto, podríamos afirmar que la empleabilidad depende de cada individuo y nos afecta en la medida en que nos facilita o dificulta la tarea de encontrar o conservar un trabajo.

Los responsables de definir nuestro perfil profesional y trabajar en mejorar nuestra empleabilidad somos nosotros mismos. Esto es muy importante y debemos tenerlo en cuenta a lo largo de toda nuestra vida laboral, pues debemos ir dirigiendo nuestra carrera en la dirección que queremos y tomar decisiones que nos acerquen a nuestro objetivo.

Desde hace más de 15 años trabajo con clientes y candidatos júnior en su búsqueda de talento y empleo respectivamente. Considero que hay tres factores que son muy valorados por las empresas cuando se habla de talento júnior, porque ayudan a mejorar el perfil profesional de cada candidato y, en consecuencia, su empleabilidad:

  1. Un alto porcentaje de las empresas necesita que el candidato hable un idioma extranjero, que por norma general sigue siendo el inglés. Fórmate, prepárate, mejóralo para poder optar a los puestos de trabajo que te interesan. Toma las riendas y mejora en este aspecto para que no sea la empresa la que tenga que decidir que no encajas porque no tienes el nivel adecuado. Sé el dueño de tus decisiones. Que no decidan por ti.

A pesar de que la estancia en el extranjero parezca en ocasiones la única posibilidad para aprender inglés, con el hándicap que esto supone para muchas personas que no pueden asumir la inversión de dinero que esto requiere, existen muchas alternativas para aprender una lengua extranjera, como ver películas o hacer cursos en ese idioma, entre muchas otras.

  1. Formación. Hay muchos puestos que demandan una formación concreta y otros que la valoran muy positivamente. Los estudios que tenemos son la base sobre la que empezar a construir el profesional en el que nos convertiremos.


La formación no acaba con la etapa universitaria o superior. En un mundo como el actual, debemos estar en contínuo desarrollo personal y profesional para no quedarse obsoleto. Es necesario actualizarse constantemente y desde el principio de nuestra trayectoria.

En ocasiones estudiamos un grado y al empezar a trabajar nos damos cuenta de que no es lo nuestro, o que sí lo es, pero queremos profundizar más. Estamos entonces en disposición de hacer un posgrado/máster en una materia concreta. O, al revés, hemos recibido una formación muy concreta y queremos ampliar nuestro perfil y tener una visión más global. La formación de posgrado nos permite, al inicio de nuestra carrera, afinar nuestro perfil profesional. Hacemos un primer enfoque (de más concreto a más amplio) para seguir construyendo nuestro futuro.

Cursar este tipo de posgrados nos permitirá desarrollarnos personal y profesionalmente, pues gracias a este tipo de formación adquiriremos nuevos conocimientos y visiones, ampliaremos nuestro networking y estaremos actualizados. El objetivo es completar y mejorar nuestro perfil profesional y, a partir de ahí, aspirar a una mejor situación laboral.

Existen múltiples opciones a la hora de cursar un posgrado, por lo que debemos tomarnos nuestro tiempo a la hora de elegir, y no solo fijarnos en el programa que se escoja sino también la escuela que lo imparte. Dentro de las distintas opciones que existen, podría destacar programas como los de ESIC, en Marketing, Gestión Comercial, en Comunicación y Nuevas tecnologías, en Management o en Recursos Humanos. Os animo a que os informéis  aquí.

La proactividad, las ganas de aprender y de aportar algo a la empresa son tres de los aspectos que más se valoran. Unas actitudes que demostraremos en la entrevista por la forma en la que nos comuniquemos y expresemos nuestras motivaciones.

También podemos reflejarlas en el CV cuando citamos los cursos o posgrados que hemos hecho, lo que transmite que nos preocupamos por formarnos y tenemos interés en ampliar nuestros conocimientos. Lo mismo sucede con las prácticas o los trabajos temporales, donde demostramos, además de nuestra adaptación a diferentes empresas, nuestras ganas de trabajar y aprender.

Cuando compartimos actividades no profesionales que hemos realizado o en las que hemos participado, ayudamos que nos conozcan mejor, nos diferenciamos de otros candidatos y destacamos actitudes que nos definen.

Es por tanto esencial trabajar nuestro perfil profesional aportándole valor desde el inicio (etapa júnior) hasta el final (etapa sénior). En el mercado laboral existe tantos tipos de profesionales como personas y cada uno tiene que decidir cuál es su camino e ir tomando decisiones que le acerquen poco a poco a él. Todos los caminos son válidos y hay muchos perfiles similares con carreras profesionales muy distintas; serán las motivaciones de cada uno las que nos hagan diferentes.

En definitiva, es imprescindible invertir tiempo en nuestro desarrollo profesional (hay muchas opciones digitales, webinars, foros…) y ponerle ganas (mostrar interés). Disfrutad de las experiencias profesionales, de la formación y de los compañeros, porque de cada uno de ellos, aprendemos. Muchos de los que estáis ahora iniciando vuestra etapa profesional no habréis identificado qué os gusta y que no: ¡no os preocupéis! Cambiaréis de opinión en cada una de las etapas, pero tendréis tiempo para descubrirlo y redescubrirlo.

Ana Zayas, Associate Director Page Personnel.

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