El Teletrabajo no puede (ni debe) reemplazar la vida en la ‘oficina’

Durante las últimas semanas, hemos visto cómo nuestras RRSS, personales y profesionales, se inundaban de fotos de videoconferencias, enarbolando las ventajas de las distintas plataformas tecnológicas y de lo eficaces que resultan para comunicarnos con nuestros compañeros de trabajo, amigos, familiares, clientes, proveedores, empleados, jefes, etc.

Que el teletrabajo ha llegado para quedarse es de todos bien sabido y negarlo sería un disparate; si bien es cierto que su implantación ha sido más por fuerza que por gusto. Ahora bien, de ahí a que éste deba reemplazar a los espacios laborales “tradicionales” (oficinas), está por verse…

No, el teletrabajo no puede, ni debe, reemplazar la vida laboral en la oficina.

Llevo más de doce años ‘Teletrabajando’, de forma más o menos regular, uno o dos días a la semana. Siempre he creído que este modelo, llamémosle híbrido, es ideal para lo que comúnmente hemos llamado ‘conciliar’; no tanto por lo de la supuesta conciliación, porque quien haya teletrabajado sabe que el trabajar desde casa no siempre significa conciliar, sino porque este modelo ‘híbrido’ te permite valorar lo mejor de cada caso.

Trabajar desde casa tiene, sin lugar a duda, muchas ventajas; tan simples como el ahorro de tiempo en los traslados, o tan importantes como poder cuidar de un familiar enfermo en un momento dado. No obstante, trabajar en casa también tiene ciertos inconvenientes, que hasta ahora no habían salido a la luz, precisamente por su falta de estandarización entre la mayoría de la población.



No es mi intención convertir este texto en un contenido técnico, o seudo científico, sobre por qué trabajar en casa es saludable o lo contrario. Sino simplemente aportar nuestra experiencia al respecto. Dentro de los inconvenientes que vemos en el teletrabajo, si éste se aplicara de forma permanente a nuestra vida laboral, encontramos los siguientes:

  • Menos creatividad: el intercambio de ideas entre compañeros potencia la creatividad; y las videoconferencias no siempre pueden suplir esta interacción natural
  • Falta de socialización: es importante para nuestro bienestar psicológico
  • Gestión del estrés: según la personalidad de cada uno, el estrés de las actividades cotidianas puede sobredimensionarse
  • Control de horarios: con la rutina y la repetición de actividades, los horarios tienden a diluirse, alargarse o simplemente a dejar de diferenciarse
  • Diferenciación de espacios: para quien no tiene la suerte de poder separar el espacio de trabajo, del espacio cotidiano, puede ser verdaderamente agobiante
  • Productividad: en ocasiones, puede darse el caso que, debido a estas malas prácticas descritas anteriormente, la productividad pueda verse afectada

En términos generales, lo ideal es que, por fin, y con permiso del Coronavirus, pasemos de un modelo rígido basado en el cumplimiento de un horario concreto, y en un espacio físico determinado (oficinas), a un modelo mucho más flexible, no sólo en el ámbito temporal (horario), sino en el espacial (oficina o casa).

El Teletrabajo tiene que formar parte de la vida laboral, pero en nuestra opinión no debería ser un reemplazo para el desarrollo de la vida profesional. En la actualidad cada vez hay más espacios flexibles de trabajo, los llamados coworking, que aportan una serie de ventajas a este respecto. Y en cuanto al ámbito organizacional, sería una obviedad a estas alturas hablar de las ventajas de implantar definitivamente modelos híbridos o mixtos de trabajo, los cuales nos permitan disfrutar de un día de trabajo “tranquilo” en casa, así como de un intenso debate en la oficina cuando haga falta.

Yashim Zavaleta, Managing Director, LeanFactor

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