2026 marca el inicio de un nuevo ciclo para la sostenibilidad. Un giro que, desde Forética, observamos cada vez con más nitidez en la agenda empresarial. Tras más de una década en la que la agenda corporativa ha girado en torno al regulador —reporte, diligencia debida y taxonomías—, el foco vuelve a los fundamentos del negocio: competitividad, resiliencia y creación de valor toman el control sobre los asuntos ambientales, sociales y de gobernanza.
La historia reciente confirma que este campo no avanza en línea recta. La COVID-19 reforzó su legitimidad. Las compañías sostenibles demostraron mayor capacidad de adaptación. En cambio, la guerra de Ucrania y la crisis geopolítica actual han reordenado las prioridades de gobiernos y empresas, priorizando seguridad energética, autonomía estratégica y defensa.
En ese contexto, cinco fuerzas reconfigurarán la conversación. La primera es el contexto de Europa, enfrentada a dos polos geopolíticos. Por un lado, un Estados Unidos bajo el ideario MAGA, que cuestiona los fundamentos científicos y socioeconómicos de la sostenibilidad. Por otro, China, una dictadura que ha consolidado una posición monopolística en tecnologías críticas de la transición. Para que la sostenibilidad siga avanzando Europa tendrá que reforzar su competitividad y la sostenibilidad puede ser aliada de cara a incrementar su independencia energética, desarrollar tecnologías competitivas e incrementar la productividad de la economía.
La segunda fuerza llega desde los mercados. El interés inversor se ha enfriado coyunturalmente, no solo respecto a la sostenibilidad, sino a otros indicadores de largo plazo. Las finanzas sostenibles, no obstante, han mostrado resiliencia. Los bonos sostenibles han vuelto a crecer y activos ESG han aumentado en un 17% respecto al inicio de 2025. Por otro lado, el impacto en los mercados de sectores como los hidrocarburos, la defensa y la IA ya están descontados, lo que abona el terreno para la recuperación de la inversión sostenible.
La tercera fuerza es social. Los retos —desigualdad, acceso a vivienda, envejecimiento, integración y empleabilidad— superan la capacidad de respuesta de unos Estados cada vez más frágiles en lo financiero y en lo político. Para las empresas, lo social deja de ser únicamente una “licencia para operar”. Se convierte en condición de crecimiento y estabilidad: sin cohesión aumenta la polarización, se tensiona el mercado laboral y se erosiona la confianza. En este contexto la empresa genera un nuevo escudo social a través de la apuesta por el upskilling y reskilling de su fuerza laboral.
La cuarta fuerza es climática e invita a la prudencia. El umbral de 1,5°C se aleja como objetivo viable a consolidar. Pero cada décima cuenta. Las previsiones son de un calentamiento global entre los 2,5o y los 3,5o. Esto exige acelerar en la descarbonización de la economía. Un reto por la previsible falta de inversión pública en un contexto de endeudamiento y déficit fiscales. La clave pivota entonces hacia la adaptación: invertir en infraestructuras, rediseñar operaciones, reforzar planes de continuidad y desplegar estrategias financieras de gestión de riesgos.
La quinta fuerza es hídrica. El agua emerge como el activo más habilitante y, a la vez, más limitante del siglo XXI. En la actualidad, una cuarta parte de la población mundial carece de agua segura. El crecimiento proyectado y la mejora de los estándares de vida de la población mundial -precisamente en países con peores activos hídricos – incrementa la presión por el agua. Por el lado de la oferta, la disponibilidad del agua va a ser mucho más volátil, oscilando entre la escasez y el exceso de precipitaciones. No se trata de un asunto sectorial; es territorial y sistémico. Las empresas que no desarrollen estrategias específicas —eficiencia, circularidad, colaboración en cuencas, datos y gobernanza— verán crecer su vulnerabilidad, aunque su consumo directo sea reducido.
La conclusión sencilla. La sostenibilidad va a seguir siendo un área prioritaria para empresas y gobiernos. La solución a los mayores retos que tiene la economía mundial pasan por más sostenibilidad, no por menos. Pero para que avance las empresas tendrán que priorizar sus acciones para ganar mayor competitividad y rentabilidad. De lo contrario habrá mucho que perder. No solo desde un punto de vista ambiental. El momento es ahora.










