«Se está escribiendo un nuevo manual»: por qué Silicon Valley aplaude la brutal represión de Elon Musk en Twitter

Desde el momento en que compró Twitter en octubre, Musk parecía decidido a librar una guerra contra la cultura imperante en la industria tecnológica. Ha reducido la plantilla de la empresa a la mitad, se ha deshecho de muchas ventajas que habían ganado como derecho los trabajadores, como la comida gratis e internet en casa, y ha advertido a los que permanecen que «van a trabajar muchas horas».

Además, ha transformado las oficinas en dormitorios para que los empleados puedan dormir en ellas y ha amenazado con despedir a cualquiera que no sea capaz de aguantar el ritmo. «Solo el rendimiento excepcional merecerá un aprobado», declaraba el CEO en un correo electrónico enviado a los empleados después de medianoche.

Se trata de algo nuevo en Silicon Valley: mano dura con los empleados, en vez de conquistarlos con grandes beneficios y estrategias motivadoras. No obstante, el camino de destrucción de Musk ha provocado una protesta inmediata: «Elon Musk no tiene ni idea de lo que está haciendo con Twitter», se burlaba Farhad Manjoo en The New York Times. La experta en desarrollo profesional y autora Jenn Limm, opina que el CEO considera a los trabajadores como «daños colaterales». La congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez se ha referido a Elon Musk como «un revientasindicatos con un problema de ego que se guarda en el bolsillo calderilla derivada de malpagar y maltratar a la gente».



Pero hay un grupo, casi desapercibido en medio de la tormenta online, que ha estado animando a Musk desde la barrera: otros empresarios tecnológicos. A los fundadores de empresas que crecieron demasiado deprisa durante el boom tecnológico, Musk les ofrece la esperanza de que sea posible reducir la sobredimensión ante la inminente recesión.

«Los movimientos de @elonmusk en Twitter están inspirando a los fundadores, que han comenzado a tomar decisiones difíciles en la reciente recesión económica. He oído hablar de muchos fundadores que están recortando gastos, haciendo grandes movimientos de producto y poniéndose duros, y no tienen miedo», tuiteaba recientemente Andrew Chen, socio general de la prestigiosa Andreessen Horowitz.

Para algunos fundadores, Musk es sencillamente la versión monstruosa del líder que ellos desearían ser.

En varios entrevistas con Business Insider, varios fundadores e inversores reconocen en privado que se fijan en Twitter como ejemplo de eficiencia. (Todos han hablado bajo condición de anonimato, para evitar una reacción violenta de sus empleados). Si Musk puede gestionar su red social con la mitad de la plantilla, quizá sus empresas también puedan. «No está tan mal visto tomar la decisión difícil, porque todo el mundo la está tomando. Elon es el ejemplo más extremo hasta ahora, pero es lo que están haciendo muchas empresas», afirma el fundador de una gran startup cuyos inversores le instan a recortar gastos y ralentizar las contrataciones.

En la última década, a medida que el sector tecnológico crecía, también lo hacía el empleo en Estados Unidos: de 2009 a 2019 la industria tecnológica se expandió en 2,3 millones de nuevos puestos de trabajo. El rápido crecimiento tensó el mercado laboral, lo que obligó a las empresas a ofrecer muchas ventajas a los aspirantes con talento. Las comidas gratis se convirtieron en una apuesta segura. Los empleados disfrutaban de sillones para dormir la siesta, dietas de viaje, acupuntores y masajes in situ, servicio de tintorería gratuito y cerveza fría nitro en barril. «La pregunta no era: ¿cómo podemos sacar lo mejor de nuestros empleados? «Era: ¿Cómo podemos ser lo más amables posible con nuestros empleados?».

Durante la pandemia, la nueva oleada de startups no hizo sino aumentar la extravagancia. Como los inversores presionaban a las compañías para que crecieran rápidamente, según afirman los fundadores, la vertiginosa escalada que siguió desencadenó una carrera armamentística de ventajas para atraer a los mejores talentos. Los empleados podían trabajar desde casa y fijar sus propios horarios. Además, se beneficiaban de becas de bienestar y viajaban por todo el mundo en extravagantes viajes. La empresa tecnológica Bolt incluso se atrevió a dar los viernes libres a casi todos sus empleados.

«Cuando hay demasiado dinero fácil, es muy natural perder el norte: volverse complaciente y gastar en cosas superfluas», reflexiona Eric Ries, empresario y autor de The Lean Startup.

Entonces llegó el crack. Cuando los mercados cayeron a principios de año, el flujo de capital riesgo se ralentizó. De repente, las startups comenzaron a recortar gastos y optimizar sus presupuestos. Los empresarios del sector tecnológico, que habían ofrecido a sus empleados sueldos elevados y lujosas gratificaciones, se vieron obligados a reajustar sus expectativas.

La pregunta no era ¿cómo sacar lo mejor de nuestros empleados?, sino, ¿cómo podemos ser lo más amables posible con nuestros empleados?

En Twitter, Musk lo ha hecho por la fuerza bruta. En poco tiempo ha reducido el teletrabajo, ha puesto fin a las dietas del personal y ha convertido las oficinas de la sede de Twitter en dormitorios con armarios y lavadoras. Los «días de descanso» de la empresa desaparecieron del calendario. Para los empleados ha sido aterrador y desconcertante. Los días en que un empleado podía quejarse de «la calidad del papel higiénico» en una reunión general, cacareaba el antiguo ejecutivo de Facebook David Marcus, «han llegado a su fin».

Otros pusieron una nota también triunfalista. «Lo admitan o no, todo el mundo en Silicon Valley admira a Elon», tuiteaba Gavin Baker, socio gerente y director de inversiones de Atreides Management, un hedge fund de 3.000 millones de dólares que invierte tanto en startups como en grandes empresas cotizadas.

«100%», respondía Bill Gurley, uno de los primeros inversores de Uber que se ha mostrado reacio a lo que considera unas condiciones demasiado cómodas en el sector tecnológico. «Llegamos a un punto en el que la mayoría de las empresas dejaron de aspirar a ser rentables. Me alegro de que eso se haya acabado».

El enfoque de Musk da pie a los ejecutivos tecnológicos para tomar decisiones impopulares. Los fundadores cuentan a Business Insider que se están deshaciendo de los viajes y regalos de empresa en esta época navideña. Uno de ellos dice que hace poco eliminó unas dietas para comidas que se introdujo para los empleados que trabajaban desde casa durante la pandemia. Ahora, los que quieran comer gratis tendrán que acudir a la oficina de San Francisco. Los empleados se opusieron, pero la empresa se mantuvo firme.

«Antes, si no te gustaba el trabajo, podías abandonar el barco e irte a otro sitio. Desde el punto de vista del jefe, era necesario retener a los empleados», cuenta el fundador. Pero ahora, las cosas han cambiado.

«Personalmente, estoy entusiasmado con este cambio», añade el fundador.

Hace un año, dice el fundador de una gran startup que se está viendo presionada por los inversores, podría haber mantenido en nómina a alguien con bajo rendimiento porque la situación al rojo vivo del mercado laboral habría dificultado cubrir el puesto. Pero ahora, tras un año en el que se ha despedido a casi 100.000 trabajadores tecnológicos, no dudaría en despedir a alguien que no esté dando la talla. «Ya no sobran empleos tecnológicos», afirma. «Hay que esforzarse un poco más, y eso devuelve el poder al empresario».

Ese patrón se repite en todo Silicon Valley. Una socia de una antigua empresa de capital riesgo afirma que cada vez más ejecutivos tecnológicos «eliminan a los trabajadores de bajo rendimiento» a medida que aumentan la presión sobre los equipos para que ejecuten. «Todo el mundo lucha por su derecho a existir», afirma. «Su probabilidad de éxito aumenta por este motivo».

Otro fundador, que ingresó más de 100 millones de dólares en capital riesgo durante la época de auge impulsada por la pandemia, dice que ahora pide a sus trabajadores que aumenten su rendimiento, sin contratar a más gente. Dice que la economía ha cambiado y también las expectativas de los inversores. Ahora, tienen que conseguir más con menos recursos.

Todos estos mensajes se están haciendo eco de las acciones de Elon Musk. Pero incluso quienes hablan de él en términos de admiración reconocen que tienen que andarse con cuidado a la hora de reajustar las normas laborales que se han desarrollado en la última década.

Uno de los fundadores, por ejemplo, dice que no podría aplicar las brutales tácticas de Musk sin incitar a que se produjese una revuelta.

Pero la buena noticia, añade, es que quizá no tenga que hacerlo. ¿Por qué? Mientras sus empleados vean lo que Musk está haciendo en Twitter, tendrán demasiado miedo para oponerse. La audacia de Musk, según el fundador, deja el listón más alto.

Esto no es más que otra forma de decir que el tipo de reajuste radical que Musk está aplicando en Twitter pronto podría ser la nueva normalidad para el resto de Silicon Valley.

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