Trabajar o parecer que trabajas, cuando el presentismo llega al teletrabajo

Parece que algunas organizaciones tienen un problema en su cultura empresarial. Llevan años premiando a aquellos que se quedan más horas en la oficina, midiendo las horas de trabajo en lugar de la productividad y ahora cuando parte de su plantilla está trabajando desde casa esto se traduce en un mayor número de horas de conexión, pero escasa productividad. Es el presentismo en el teletrabajo.

Se trata de mantenerse conectados en las herramientas de mensajería, de contestar algún correo a deshoras o coger el teléfono si una llamada de algún responsable se produce también a estas horas. Al fin y al cabo estamos en casa, ¿no? Pero la realidad es que no estamos trabajando, solo tenemos el ordenador encendido.



Esto también tiene un componente pernicioso para nuestra capacidad de concentración. Por un lado estamos conectados pero igual estamos viendo una película que leyendo el periódico. No se distingue en muchos casos entre tiempo libre y tiempo de trabajo. No somos capaces de desconectar en ningún momento. Y nuestra capacidad de concentración tiende a cero.

No tenemos la capacidad de mantenernos ocupados con una única tarea en la que vamos a centrar toda nuestra capacidad de atención. Acabarla lo antes posible y pasar a otra nueva. Avanzamos, pero estamos muy centrados en responder correos, mensajes, etc. Esos ladrones de tiempo que acaban por hacernos perder la concentración y mucho, mucho tiempo. Es cierto que con el teletrabajo tenemos que prestar más atención a la comunicación, pero muchas veces vale más levantar el teléfono y conversar dos minutos que estar media hora en una cadena continua de mensajes de correo.

En otros casos tenemos poco trabajo y tendemos a procrastinar alargando esta tarea hasta que nos ocupa toda la jornada laboral. Esto es un hábito muy dañino, porque luego cuando empieza a entrar más volumen es complicado salir de esta dinámica y no somos capaces de pisar el acelerador. Lo mismo podemos decir del hábito creado de saltar de ocio a trabajo en cualquier momento del día.

Al final se imponen las dinámicas que ya teníamos en la oficina. El que estaba más tiempo en la máquina de café que delante de su escritorio, pero luego salía tarde, ahora hace lo mismo en casa, enviando el correo fuera de horario o un mensaje dejando constancia que sigue ahí, dándolo todo por la empresa. Y lo peor es que si no se para, se genera un problema a largo plazo con este tipo de comportamientos.

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