Cómo evitar que tu pareja gaste demasiado dinero y tener así unas cuentas saneadas

Ahorrar es el compromiso que ha de tener cualquier economía familiar.

Las finanzas personales requieren de una planificación muy precisa para que no se produzcan situaciones adversas con el paso del tiempo. Muchas veces los gastos se disparan porque se tiende a individualizar, lo cual compromete a la economía compartida. Por eso, es importante que ningún miembro de la pareja gaste demasiado dinero y eso termine repercutiendo a tus cuentas. 

En un mundo perfecto, las parejas alinearán sus finanzas en completa armonía antes de casarse. Esto puede representar un gran problema en el caso de que uno de los dos tenga el hábito de gastar demasiado. Después de todo, las finanzas son una parte importante del matrimonio y puede traducirse en un desastre. 

Pero como este no es un mundo perfecto, muchas parejas se encuentran tirando en direcciones opuestas en lo que respecta al dinero y al gasto.

¿Cómo puede lidiar con una pareja que gasta de más y que incluso puede ser un derrochador? Por desagradable que pueda parecer, es importante tomar las riendas para llegar una guía correcta y que las finanzas tengan la mayor salud posible. A largo plazo se agradecerá y mucho esta estrategia. 

Mantener la calma y buscar el entendimiento

Una pareja derrochadora puede dejar a la otra persona en la ruina, profundamente endeudada e incluso con una mala calificación crediticia. No obstante, hay cosas que puedes hacer para revertir esa situación.

Que haya diferencias en los aprendizajes mutuos no significa que las costumbres de una persona sean malas y las de la otra buenas. Tampoco se traduce en que la otra persona no sepa gestionar su dinero. Simplemente son 2 diferentes maneras de entender las finanzas. Una vez que logras identificarlos puedes entenderlos, evaluarlos y decidir si son congruentes con tu relación.

Tener la sensibilidad de identificar estos aprendizajes te da la oportunidad de definir cómo quieres administrar tus finanzas en pareja.

Con todo, a veces sabe si tu pareja es derrochadora hay algunas señales como los gastos variables, las facturas de tarjetas de crédito cada vez más altas y algunos caprichos que no son del todo necesarios.

En otras ocasiones, el mal hábito se descubre por accidente. Llega de la mano de descubrir algunos gastos desmesurados que nunca supiste que existían, o al ver cómo tu cuenta de ahorros que gozaba de un saldo saludable se ha desplomado progresivamente. 

Cuando ocurre ese tipo de situaciones, es posible que puedas sentirte algo nervioso. Sin embargo, es preferiblemente evitar la confrontación y tener un punto de vista más constructivo. 
Entrar en un conflicto puede hacer que tu pareja se ponga a la defensiva y se entre en una espiral que no llegue a buen puerto en la que no se ataje el problema que hay de raíz. Abordándolo de ese modo, tu cónyuge podría sentirse aliviado y es posible que acepte mejorar la situación en el futuro. El propósito siempre ha de ser acabar con una pauta de mentiras sobre el dinero.



Hablar sobre el dinero es positivo y economía en común

Existe entre muchos la noción de que mejor no hay que hablar de dinero con la pareja para no tener peleas. Sin embargo, las peleas se van a producir hables o no del tema. A veces resultan hasta peores, porque de tanto evitar este aspecto uno puede terminar explotando.

En vez de evitar hablar la economía doméstica por miedo a tener una fuerte discusión, los asesores patrimoniales recomienda que se habla con mucha frecuencia de las finanzas mutuas. Cuanta más normalidad se dé al tema, más fácil va a ser llegar a un acuerdo de las dos partes. La comunicación siempre es clave.

Asimismo, una de las estrategias más eficaces para acabar con los secretos del dinero es crear cuentas bancarias conjuntas. Las cuentas bancarias separadas pueden funcionar si ambos estáis en la misma onda en lo que se refiere al dinero. Pero si uno o ambos no sois completamente responsables, las cuentas separadas pueden permitir un gasto excesivo.

Querrás tener tantas cuentas en común como sea posible: cuentas corrientes, cuentas de ahorro, cuentas de inversión e incluso tarjetas de crédito. 

Cada uno de los 2 debe revisar los estados con regularidad. El concepto de lo “tuyo” y lo “mío” puede parecer equitativo en teoría, pero la realidad las cuentas separadas pueden alimentar y ocultar una adicción al gasto.

Cuando mantienes tus finanzas separadas te vuelves posesivo con el dinero. En muchos matrimonios los problemas ocurren cuando el dinero se convierte en algo más importante que la relación.  Si este es el caso, tus posibilidades de formar de las parejas que terminan en divorcio aumentan.

Para eliminar las divisiones en el matrimonio por dinero, tu relación siempre debe ser la prioridad. El dinero viene después. Además, has de eliminar de tu vocabulario expresiones como “es mi dinero o tu dinero”, en su lugar hay que decir “es el dinero de los 2”.

Cuando la pareja acepta la noción de que las finanzas se administran mejor juntas, la relación alcanza un nuevo nivel de madurez. Como resultado, en vez de preocuparte por lo que tú quieres hacer con tu capital y cómo te lo quieres gastar, te ocupas por planear qué quieres hacer con el patrimonio conjunto.

Los objetivos comunes siempre ayudan

Una vez que atajes los problemas que tienen que ver con los gastos innecesarios, y que las 2 partes hayan aclarado los asuntos monetarios y hayan reorganizado sus cuentas financieras, el siguiente paso será establecer metas financieras en conjunto.

Puede que no sea posible acabar directamente con las tendencias derrochadoras, de modo que lo que puedes hacer es crear un objetivo de más largo alcance. Piensa en ello como reemplazar un mal hábito por uno bueno.

En un momento de calma, tanto tú como tu pareja deberéis crear una visión financiera para el futuro. Esto puede incluir objetivos generales como la jubilación anticipada, la amortización de la hipoteca, o salir de las deudas por completo. La idea es crear prioridades a las que se destine parte del dinero de los 2 y reducir la cantidad disponible para gastos.

Héctor Chamizo

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