La esperanza de vida en el ser humano no pasará de los 150 años, pero existe una manera de alargarla, según un estudio reciente

Con el desarrollo del siglo XX y más allá de los conflictos bélicos acontecidos, la esperanza de vida a nivel mundial se incrementó, llegando en los países más enriquecidos hasta niveles nunca antes vistos. Sin embargo, el crecimiento tiene que parar en algún momento.

De esta forma, un nuevo estudio publicado en Nature ha analizado, por un lado, parámetros de análisis de sangre y, por otro, los niveles de actividad física registrados por dispositivos de Gero, una compañía de biomedicina. 

Así, tras estudiar todos estos datos, descubrieron que los sujetos más sanos eran más resilientes al envejecimiento y que dicha resiliencia se relacionaba directamente con hábitos de vida saludables. Por el contrario, los sujetos con peores hábitos se volvían menos resilientes con el tiempo, de manera más contundente.

Esto tiene una explicación en la tasa de recuperación del cuerpo humano, la cual inevitablemente disminuye con el envejecimiento. Así, esta se sitúa en 2 semanas para personas sanas de 40 años, mientras que, para personas de 80 años, de media, se encuentra en unas 6 semanas.

«El envejecimiento en los seres humanos exhibe características universales comunes a los sistemas complejos que operan al borde de la desintegración», ha eplicado Peter Fedichev, cofundador y CEO de Gero a EurekAlert!. «Este trabajo es una demostración de cómo los conceptos tomados de las ciencias físicas pueden usarse en biología para investigar diferentes aspectos de la senescencia y la fragilidad, para producir intervenciones fuertes contra el envejecimiento».



Por qué desarrollar terapias contra enfermedades no significa vivir más

Aunque existen algunos artículos y estudios que han basado la premisa del incremento de la esperanza de vida en las mejoras tecnológicas y sanitarias, esta investigación concluye que, a no ser que se retrase el envejecimiento natural, dichos cambios no supondrán ningún avance en la edad potencial de un ser humano.

En este sentido, dicha publicación podría ofrecer nuevas terapias que prolongasen el tiempo de la humanidad en el mundo terrenal. «El estudio puede ayudar a cerrar la brecha creciente entre la salud y la esperanza de vida, que continúa ampliándose en la mayoría de los países en desarrollo», ha asegurado Brian Kennedy, profesor de bioquímica y fisiología en la Universidad Nacional de Singapur.

Por ello, lo más importante no será crear nuevas terapias para tratar enfermedades crónicas que pueden aparecer con el envejecimiento, sino desarrollar el modelo para prolongar así la vida de las personas.

«No es posible una mejora dramática de la vida útil máxima y, por lo tanto, una prolongación fuerte de la vida mediante la prevención o curación de enfermedades sin interceptar el proceso de envejecimiento, la causa fundamental de la pérdida subyacente de resiliencia», han afirmado los investigadores. Y han concluido: «Un mayor desarrollo del modelo de envejecimiento presentado en este trabajo puede ser un paso hacia la demostración experimental de una terapia dramática para prolongar la vida».

Abraham Andreu

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