La familia crece: qué hacer cuando aparecen los celos por el nuevo hermano

La llegada de un nuevo miembro supone un cambio para toda la casa, pero sobre todo para los más pequeños. Los celos infantiles, además de ser completamente normales, son inevitables, por lo que la clave no está en evitar este malestar, sino en facilitar las herramientas y estrategias para que sepan afrontar la situación. Te contamos algunas de ellas en las siguientes líneas.

Pese al bajón de la natalidad que experimenta España, aún son minoría los hijos únicos. Según un estudio de Fundación La Caixa sobre natalidad en España, siete de cada diez niños está creciendo junto, al menos, a un hermano o hermana, lo que quiere decir que la mayoría de los pequeños tiene experiencia en ver cómo sus padres tienen que “dividir” su amor entre todos sus hijos. Los primogénitos, además, conocen esa agridulce sensación que produce recibir a un nuevo ser humano con el que compartir la vida, pero también las atenciones, que hasta ese momento eran exclusivas para ellos. La primera crisis emocional a la que todos nos enfrentamos en la vida es la aparición del hermano menor, o lo que es lo mismo: la llegada del culpable de que las atenciones de los progenitores se dispersen y, en definitiva, el responsable de que ya no seamos el centro del universo para ellos.

Los celos infantiles son normales

Existe un periodo de transición que, dependiendo de la edad y el carácter del niño o de la niña, puede ser más o menos traumático y provocar reacciones  negativas, desde rabietas a comportamientos regresivos. En general, casi siempre es más dramático cuando los niños son muy pequeños (menores de cuatro años), ya que aún no tienen sus capacidades de comunicación desarrolladas y no pueden expresar bien sus emociones. Son sentimientos que no se pueden evitar, pero los padres y las madres sí que pueden mediar, gestionar y atenuar los inevitables celos para que no se cronifiquen y terminen convirtiéndose en un problema que desencadene en una mala relación fraternal futura.

“¿Por qué el hermanito no puede quedarse a vivir en el hospital?”. Es la pregunta que Pablo (tres años) hizo a sus padres al ver que recogían todo de la habitación de la maternidad, recién nacido incluido, para regresar a casa tras el nacimiento de su segundo hijo. Por mucho que habían explicado a su primogénito que iba a tener un hermanito con el que jugar, solo cuando el niño vio aquella escena entendió que ese bebé iba a ocupar un territorio que hasta ahora había sido exclusivamente suyo. La emoción inicial ante la llegada del hermano, aunque no había desaparecido por completo, se mezcló con cierta sensación de confusión y, sobre todo, de celos. “Es miedo a perder el amor, la atención y los cuidados de su padre y madre, un sentimiento completamente normal, que además no se puede evitar y ante el cual los progenitores debemos mostrarnos comprensivos, empáticos y pacientes, procurando no negarlos, reprimirlos o castigarlos”, explica la psicóloga infantil Sara Tarrés.

Hay que tener en cuenta que la llegada de un hermano no solo afecta al niño; es un acontecimiento familiar que implica un cambio importante a todos los niveles, sobre todo en cuanto a estructura y rutinas familiares. La llegada de un segundo hijo suele estresar mucho más a los padres, ya que cuidar de dos pequeños cambia considerablemente las rutinas y los hábitos.

“Es una etapa en la que cada miembro de la familia debe recolocarse en su nuevo lugar y esto implica también un nuevo papel para el niño o la niña que acaba de tener un hermano. Pero a diferencia de los adultos, a él nadie le ha enseñado a interpretar este un nuevo papel. Por todo ello, puede hacerle sentirse desplazado o simplemente desconcertado por el cambio. Es natural, ya que al tratarse de un niño pequeño nunca ha tenido que gestionar una situación de tal envergadura a nivel emocional”, explica Alexandra Sierra, psicóloga infantojuvenil y profesora del Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP).

Qué hacer ante las primeras señales de malestar

Por razones obvias, el recién nacido requiere una serie de cuidados, una dependencia y una especial atención de la madre o el padre. Solamente por el hecho de estar dándole el pecho o el biberón, el hermano mayor puede sentir que ese bebé le está robado tiempo con sus progenitores. Es normal que se sienta frustrado triste, pero tampoco es algo de lo que haya que preocuparse en exceso, porque esos celos tienen su función. “Como el miedo, la rabia o la alegría, son una emoción universal, y como cualquier otra emoción, los celos tienen una función adaptativa que nos ha ayudado a sobrevivir como especie, ya que protegen y ayudan a reclamar la atención de los adultos”, explica Tarrés.

La experta en psicología infantil cuenta que, cuando aparecen las primeras señales de malestar, debemos ayudar a nuestros hijos a que expresen sus emociones, sean del tipo que sean, procurando que hablen de ello (si es que ya saben hablar) o que expliquen cómo se sienten a su modo. De esta manera, los celos bien conducidos a través de un entorno empático y respetuoso con las emociones irán desapareciendo paulatinamente a medida que el niño mayor vaya entendiendo que no hay una amenaza real de la que preocuparse. “Se irá ubicando, poco a poco, en su nuevo rol dentro de la familia y se irá sintiendo más seguro”, concluye la especialista.



Formas de manifestar los celos infantiles

Existen muchas maneras diferentes de manifestar estos celos. Hacerlo de una manera u otra va a depender del temperamento del niño, de su nivel de sensibilidad, del momento evolutivo en el que se encuentre, del estilo de crianza, de si el nuevo bebé necesita de más atenciones por tener alguna discapacidad o estar enfermo…

  • Algunos pequeños lo expresarán con una melancolía exagerada y se sentirán tristones sin motivo aparente.
  • Otros se quejarán de que nadie le quiereperderán el apetito o serán más caprichosos con la comida (por ejemplo, pueden comenzar a rechazar alimentos que antes eran sus preferidos).
  • Desobedecer y ser más terco, montar rabietas y llorar desproporcionadamente suele ser algo común en la mayoría.
  • También lo es volver a conductas que ya estaban superadas, desde hacerse pis en la cama, pedir el chupete o querer beber leche en biberón; también comenzar a hablar como un bebé, querer dormir con los padres cuando ya lo hacía en su cuarto o despertarse por la noche a pesar de que ya dormía de un tirón.

Conductas regresivas por la llegada de un hermano

Precisamente son estas conductas, que los profesionales de la psicología denominan regresivas, las que más preocupan a los padres. Dejar de controlar los esfínteres cuando esa etapa ya estaba superada es algo que desconcierta mucho. Son llamadas de atención que fundamentalmente se dan cuando los niños perciben de forma errónea cierto abandono por parte de los progenitores; entendiendo que estos, sobre todo la madre, ya no pasa tanto tiempo con ellos al estar ocupada con el recién nacido. “Pero las conductas regresivas, sobre todo el volver a necesitar el pañal, son algo que también lo he observado en niños que han visto como la madre ha tenido que centrarse en cuidar a un familiar enfermo (por ejemplo, a un abuelo) o cuando alguno de los progenitores ha tenido que ausentarse una larga temporada por trabajo”, explica la pediatra de Atención Primaria, Rebeca Palomo.

Hay que darles tiempo. “He visto casos de pequeños que ya no usaban pañal hacía tiempo, pero que al llegar el bebé a casa comenzaron a hacerse pis encima, pero curiosamente solamente lo hacían en casa. En la guardería o en el colegio, sin embargo, lo hacían en el baño, una prueba clarísima de que es su manera de reclamar atención y de que no subyace otro problema de salud”, matiza la pediatra.

“Es cierto también que dentro de todas estas actitudes hay unos límites que no debemos permitir que rebasen, como por ejemplo hacerle daño al bebé. Como madres y padres tenemos que hacerle saber lo importante que es para nosotros y lo mucho que le queremos, explicarle que a pesar de que su entorno haya cambiado, nuestro amor por él no”, explica la psicóloga Alexandra Sierra

Todas estas reacciones o sentimientos se dan con más intensidad cuando el niño es el primogénito y llega otro peque a quitarle el “trono”, pero la llegada de un tercer o cuarto hermano también puede provocar estas actitudes. “Es cierto que cuando en la familia solo hay un hijo el impacto de un hermano es más fuerte que cuando ya existen al menos dos hermanos, pero ello no implica que las conductas de celos o actitudes de regresión no de den cuando la familia es más amplia, ya que cada niño vive los cambios de manera distinta y de alguna forma, con la llegada de un nuevo miembro, todos los papeles dentro de la familia deben recolocarse de nuevo y cada cual ocupará un nuevo papel al que debe adaptarse”, explica Tarrés.

¿Y si el hermano pequeño tiene celos del mayor?

Otra situación nada anecdótica que puede darse es que sea el hermano pequeño quien experimente todas esas inseguridades y sienta celos de las habilidades del mayor. Normalmente esta situación se produce cuando los padres o el resto de los familiares, sin mala intención, continuamente están comparando logros, repitiéndole al pequeño que aprenda del mayor: “Mira cómo tu hermano se come todo, mira cómo se lava los dientes, a ver si duermes toda la noche del tirón como tu hermano…”.

“Pero cada niño tiene su carácter y su propia gestión de las emociones. Lo que puede necesitar uno de los hermanos para adaptarse a la nueva situación puede no servirle al otro hermano, por ello debemos estar atentos a las necesidades concretas de cada niño y a su propio ritmo de gestión y adaptación al cambio”, explica la psicóloga.

Cómo mantener unas expectativas adecuadas

Otro aspecto que hay que tener muy en cuenta son las expectativas que generamos en los hijos mayores sobre el hermano que está por venir. En ocasiones se cae en el error al decirles que será un amigo con el que jugar, alguien con quien compartir y reír. “Efectivamente será así en un futuro, pero la realidad es que cuando llega el bebé, el pequeño ni juega, ni habla. Siente que le hemos mentido y se decepciona, ya que su nuevo hermano no es divertido y no juega con él. Al contrario, lo percibe como una competencia. Lo que experimenta es que ese bebé le roba atenciones de su madre o su padre”, relata Tarrés.

Para mantener unas expectativas adecuadas, hay que explicarle:

  • Cómo son los bebés. Contarle que son pequeños, muy delicados, que no hablan, ni tienen dientes para comer. Puedes visitar amigos o familiares con recién nacidos para que se vaya haciendo una idea o acudir a alguna revisión ginecológica con él y que vea la ecografía.
  • Contarle qué es lo que hacen, que al principio principalmente duermen y comen, y cómo se comportan, destacando que no juegan hasta que son más mayores.
  • Detallar qué es lo que necesitan (mimos, palabras suaves) y cómo lo suelen pedir (como no saben hablar piden las cosas llorando y no paran hasta que les hemos calmado).
  • Involúcrale en los preparativos, dejar que ayude a organizar la habitación y pensar juntos en posibles nombres.

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