La infidelidad, una rotura de códigos

¿Cuántos os habéis llevado las manos a la cabeza con estas palabras? ¿Cuántos habéis pensado, este hombre no lo afirma de verdad? Puesto que, semeja que sí.

Y es que la infidelidad, ya no es lo que era. Naturalmente que siempre y en todo momento ha existido, mas todo señala a que está medrando a pasos desmedidos.

En el dos mil dieciocho el portal Ashley Madison, el Tinder de los casados, aseguraba que España es el país más infiel de Europa y el quinto a nivel del mundo.



¿Y si ha llegado el instante de reconsiderarnos qué supone la infidelidad y de qué forma la encaramos?

Hace unas semanas una persona manifestaba en consulta “si mi pareja me ha sido infiel quiere decir que no me quiere, no puedo disculparle, no por la infidelidad, sino más bien por el hecho de que ya no me quiere.”

A lo que respondí: “Entiendo, que das más peso a la carencia de amor de tu pareja, que al acto sexual fuera de la relación”

Ya antes estas palabras esta chavala de no más de treinta años, independiente tanto económica como emotivamente, me miró con cara de sorprendo, balbuceo… y preguntó “¿no va unido?”

Es acá, donde precisamos mudar la manera con la que miramos la infidelidad.

La infidelidad lleva detrás muchos factores, mas no necesariamente una falta de amor cara la pareja.

Existen diferentes géneros de infidelidades que brotan ante diferentes necesidades no cubiertas:

Infidelidad sexual: consiste solamente en el acto sexual, sin carga cariñosa ni implicación sensible.

Infidelidad cariñosa o bien romántica: es el género de infidelidad que mayor rotura de valores supone en la pareja. Acá no charlamos solo de sexo, charlamos de atracción, de complicidad, de sentimientos…. Es la rotura de los pilares de la relación de pareja en sus modalidades, excepto si se practica el poliamor.

Infidelidad directa: la persona planea ser infiel, posiblemente no tenga claro con quien, mas sí su objetivo.

Cuando alguien se apunta a un portal como Ashley Madison, que su función es facilitar relaciones extramatrimoniales, la infidelidad se considera planeada y directa.

Infidelidad indirecta: no hay una pretensión inicial de ser infiel, la infidelidad se genera de forma irracional y repentina. En estos casos el arrepentimiento de la persona infiel está prácticamente garantizado.

En nuestra sociedad tenemos una confusión horrible sobre la lealtad y también infidelidad, dándole el poder de romper una pareja. No es de esta manera, las relaciones no se concluyen por una infidelidad, se rompen por carencia de amor, de ayuda, de alegría, de cuidado… y sí, es posible, que el deseo de esto lleve a sostener relaciones fuera de la pareja, mas no es el acto en sí lo que la rompe.

¿Y el compromiso, dónde se encuentra el compromiso? Como es natural que es uno de los pilares esenciales de las relaciones.

Siglo veintiuno, divorcios, segundas formaciones familiares, poliamor, parejas abiertas… ¿seguro que todos nos comprometemos con lo mismo?

La rotura del compromiso duele, la rotura de lo pautado, de las esperanzas de futuro…Mantener relaciones fuera de la pareja por sí mismo no afirma nada, es grave cuando la relación ha sido planteada en torno a la exclusividad, cuando entre los dos se ha llegado a ese pacto, de igual modo que se plantea hacer separación de recursos o bien dormir en camas separadas.

La infidelidad duele depende de los códigos creados en la pareja.

Si la relación fue planteada desde sus comienzos bajo un vínculo sensible y/o sexual exclusivo, entonces la rotura de ese código, duele, duele mucho, conectando con el desamor y heridas latentes, el rechazo, la degradación, el abandono, la traición…

Mas este no es el único código preciso a pautar en una pareja: no acostarse enojados, llamar si se llegará tarde, festejar aniversarios, periodicidad de las escapadas románticas, relevancia de los detalles, roles… En suma, todo cuanto no se establece en los comienzos no se puede demandar en el paso de los años.

Precisamos una visión pero extensa de las relaciones de pareja, no basada solamente en el amor eterno.

 LEOPOLDO CORTES

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