Anoten el nombre de este joven porque se ha puesto como objetivo alcanzar una Inteligencia Artificialcon la capacidad de comprender, aprender y aplicar su inteligencia para resolver cualquier tarea intelectual humana. Es lo que se conoce como AGI y es hacia donde quiere caminar Elliot Norrevik, un sueco que con 14 años montó su primera empresa de éxito. Ahora tiene 16 y desveló su historia en el Tech Spirit Barcelona celebrado el pasado noviembre.
«Una de las razones por las que queríamos invitarte es porque queremos entenderte mejor. Queremos aprender de ti. Queremos diseccionar tu forma de pensar», asegura Ignacio Costas (RCD) en la presentación de la charla ‘Dejar Lovable a los 16 años para desarrollar AGI’ junto a Norrevik. Norrevik fundó su primera empresa, Roster AI, a los 14 años y en octubre de 2025 anunció su marcha de Lovable, una startup de inteligencia artificial enfocada en programación.
A su corta edad está rompiendo el status quo. Y todo empezó por su afán por «construir cosas». Relata Market que se metió en «la programación bastante joven, como a los 11, porque llevaron ordenadores a clase para hacer deberes pero nosotros queríamos jugar».
Y ahí se le presentó el primer reto. «El colegio había bloqueado todas las webs con juegos», relata. Pero este joven inquieto y curioso que dejó el instituto para aprender construyendo no dudó en utilizar un proyecto del MIT llamado Scratch para programar y crear juegos que compartió con sus amigos. «Comencé a crear mis propios juegos, se los mostraba a mis amigos y jugábamos juntos. Ver a la gente usar lo que yo hacía me marcó mucho. Desde ese momento quise profundizar más en programación y tecnología«.
«Siempre pensé que quería hacer algo distinto a lo que hacía la mayoría. Empecé viendo vídeos en YouTube y cursos sobre programación en Python y creando juegos cada vez más avanzados con programación real. Eso me parecía muy divertido», sigue explicando a los asistentes al evento impulsado por Tech Spirit Barcelona celebrado este mes de noviembre.
Norrevik también ha explicado su punto y aparte en su corta pero fructífera carrera. Tras confesar que de pequeño jugaba muchísimo al ajedrez convirtiéndose en uno de los jugadores suecos mejor clasificados de su edad revela que su interés por la IA se consolidó al descubrir AlphaZero, el sistema de juegos de mesa de DeepMind capaz de aprender sin datos previos. A su juicio, este enfoque es fundamental: «La IA es como un niño que aprende desde 0, observando, equivocándose y ajustando su comportamiento hasta llegar a hacer casi todo lo que un humano puede hacer en un ordenador».
AlphaZero aprendió a jugar ajedrez hasta volverse el mejor, «superando a humanos y a otras computadoras jugando solo contra sí mismo», explica. Ahí se dio cuenta de que «si un programa puede aprender cualquier cosa y aplicarla a otros campos, podría resolver muchos de los problemas humanos». Y así se despertó su vocación: «Pensé que en esto es en lo que quiero trabajar. Esto tendrá un impacto enorme».
A partir de ahí el aprendizaje no paró hasta ponerlo en práctica con todos los avances que ya existían. «Comencé a aprender más sobre IA. Cuando salió ChatGPT, ya había adquirido muchas habilidades y sentí que era el momento de aplicarlas, porque vi que ChatGPT era realmente útil para la gente común», continúa. Pero no le pareció suficiente porque se cuestionaba los problemas que veía. Y así nació Roster AI.
«Justo había hecho un pedido en Amazon en el que me equivoqué y contacté con el servicio al cliente. Era un agente de IA y resolvió mi problema de forma fluida. Antes, usar chatbots había sido horrible, pero ahora Amazon lo había hecho muy bien” y eso le llevó a pensar que «todas las empresas de e-commerce tienen servicio al cliente» por lo que así empezó a desarrollar agentes de atención al cliente para marcas de e-commerce y «así fue como entré en el mundo startup».
El problema que encontró a la hora de vender estos agentes es que para cada empresa tenía que crear uno nuevo y al final eso «me convertía en un consultor para estas marcas«. Pese al número de clientes alcanzados decidió cerrar la empresa un año después.
Su siguiente paso fue hacer proyectos en paralelo por diversión. Uno lo llamó “cursive writing”. En ese momento, Cursor, una de las startups más prometedoras, estaba despegando. Es una herramienta de programación asistida por IA. Y pensé: «Si existe algo tan poderoso para programar, ¿por qué no para escribir documentos?».
Era un momento en el que ChatGPT era bueno, pero debías copiar y pegar las respuestas, algo que le resultaba “incómodo”. Así que «decidí construir una herramienta tipo Google Docs con chat integrado. La publiqué en Twitter y funcionó muy bien. Fue la primera vez que algo mío se volvió viral. Un mentor a quien conocía de un hackaton la vio y me contactó, y terminó invitándome a unirme a Cursor, que estaba empezando a crecer». Se trata de una IA que permite crear apps y sitios solo escribiendo texto. Es una de las startups europeas de más rápido crecimiento.
Ahí solo lo consiguieron retener un año y siete meses. Cuando llegó al equipo eran 20 personas «y cuando me fui eran 80 y ya son más de 100. En cifras se pasó de 10 millones en ingresos a 100 millones en solo tres meses y a día de hoy ya son 200», detalla. «Una locura», sentencia.
Pero ni Cursor pudo retener a este joven talento porque sentía que «la empresa iba en una dirección y yo en otra».
Ahora sigue descifrando la IA en busca de una más perfecta. Su tesis es poner a la inteligencia artificial en entornos desfiantes para que el modelo «actúe, observe el resultado y aprenda. Y su conclusión va un paso más allá: ¿Qué pasa cuando los modelos son lo suficientemente inteligentes como para crear sus propios entornos?
Norrevik tiene la respuesta: «Probablemente lo harán mejor que nosotros. Cuando la IA pueda investigar IA mejor que los humanos, ¿qué ocurre entonces? Creo que nos acercamos a los modelos generando entornos, detectando fallos y mejorandose solos. Quiero trabajar en algo relacionado con eso».
Expone Market que la IA más económica es aquella que puede hacer casi cualquier cosa que un humano hace en un ordenador. Pone aquí el ejempo de J.A.R.V.I.S., la IA asistente de Tony Stark en Iron Man, acrónimo de «Just A Rather Very Intelligent System» (Solo Un Sistema Muy Inteligente). ·Creo que estamos cerca, uno o dos años. Eso permitiría a cualquiera crear cualquier cosa·.
Cree que el impacto de la AGI será positivo y que los posibles riesgos vienen de los humanos. Hay una frase que le gusta: «No temo a las máquinas que piensan como humanos. Temo a los humanos que piensan como máquinas», asegura. «Me preocupa volverme menos consciente, delegar demasiado, perder capacidad de pensamiento. Otro riesgo es que, en lugar de democratizar, la IA concentre el poder y ensanche las desigualdades. Pero no temo algo tipo Terminator», aclara.













